COSAS DE AQUÍ
05 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.FERROL TIENE también zona cero. Aunque de origen y significado distintos que la de Nueva York. La de allá es consecuencia de un brutal atentado; la de aquí es producto de un desagravio histórico. El caso es que el azar quiso unir a las dos ciudades por un inmenso agujero -proporcional a la dimensión de la urbe, claro- con el que no se sabe muy bien qué hacer. Pero hay una diferencia esencial. Para tapar el hueco que dejó el derrumbamiento de las Torres Gemelas se ha abierto una especie de debate planetario: todo el mundo opina sobre qué es lo mejor que se puede hacer para ocupar aquel solar del corazón de Manhatan. Nueva York ya conoce varios proyectos, y sus maquetas. Sin embargo, ¿algún ferrolano puede decir si la gusta lo que se proyecta para la nueva Plaza de España? Nadie tiene opinión, porque no se puede opinar sobre lo que se desconoce. Y no se trata sólo de que los contribuyentes tienen derecho a saber qué se va a hacer con su dinero. Es que se debe propiciar la implicación de los ciudadanos en el diseño de una obra esencial para definir la ciudad que queremos. Ese enorme y desangelado espacio fue durante mucho tiempo una especie de frontera psicológica: de allí en adelante todo era fuera de puertas. En los años del desarrollismo cutre marcó los límites entre un centro con pedigrí burgués y el ensanche de aluvión. Era, en realidad, una brecha que partía la ciudad en dos. Ahora es el momento de hacer de la Plaza de España el espacio de integración, la plataforma para vertebrar y modernizar una urbe singular. La reparación histórica ya se hizo con la retirada del caballo. Ahora, la reparación urbana requiere claridad y participación. De lo contrario, la zona cero de Ferrol se convertirá en un auténtico agujero negro.