Los operarios descartaban un desalojo por parte de las fuerzas del orden
20 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.«Anda, ven a buscarme, ven pronto». A través de su teléfono móvil, un trabajador habla con su familia, a la que verá pocos minutos después de que la aventura del encierro de 24 horas en el astillero llegue a su fin. Izar Fene recupera la normalidad y se percibe nada más llegar a la puerta principal, que atraviesan a goteo, en parejas, en tríos, pequeños grupos de trabajadores. Los obreros que estuvieron encerrados son fácilmente identificables, porque salen con sus bolsas y mostrando en su rostro el cansancio y la tensión de la noche en vela, una noche ruidosa -cada hora, los obreros hacían sonar el acero de la plataforma como señal de protesta- que mantuvo también en vela a algunos vecinos del barrio de Caranza. Mientras espera a que lo recojan, el trabajador -que además es uno de los portavoces de una de las empresas de aceros- comenta que está satisfecho de cómo terminó el encierro. «Ya sabíamos que no iban a entrar a desalojarnos, porque en la plataforma hay muchos huecos abiertos y, si se cae alguien, ¿quién asumiría después la responsabilidad de un accidente?», afirma. Pese a todo, reconoce que no todos los encerrados -alrededor de doscientos- salvaron la madrugada con la misma calma. Allí, de pie frente al aparcamiento exterior de la antigua Astano, admite con una media sonrisa que ayer suscribieron la misma plataforma que habían rechazado tres días antes. «¿Que no avanzamos nada con el encierro?. Sí, hombre, porque el viernes ya querían que entrásemos a trabajar sin nada firmado», asevera. Él, que lleva doce años en el sector, reconoce que ponerse al frente de las negociaciones con los empresarios le puede costar el trabajo y argumenta que «esto no lo hacemos por nosotros, sino porque vemos que detrás vienen chavales jóvenes que cobran poco y que no pueden mantener a una familia». Dudas Para despejar dudas, explica que los especialistas perciben 144.000 pesetas -el euro todavía no acaba de imponerse en los cálculos mentales- y que los oficiales de primera no han percibido incrementos de sueldo desde 1999. El encierro terminó, pero los trabajadores no las tienen todas consigo. Las próximas horas serán decisivas para conocer si se incorporan a sus puestos o todavía tienen otras muchas batallas que librar.