La parroquia de San Mamede regresó al pasado con la tradicional Festa da Malla
10 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Mientras los altavoces del campo de San Mamede escupían música de Bisbal Evangelina se preparaba para la tarea. Todo estaba ya preparado para la malla. A un lado, los hombres, vestidos de faena. Y al otro, las mujeres, con delantales y sombreros para protegerse del sol. Pasado y presente en el mismo instante. Evangelina, con una sonrisa de oreja a oreja, se deshacía en explicaciones ante el gesto perplejo de una profana en las labores del campo. «Nun lado, con esa trilladora, que xa ten máis de cen anos, os homes separan a palla do millo. E aquí, con este outro aparato e a criba, as mulleres limpamos ben o grano». Así es como el trigo queda listo para hacer el pan. Eso es la malla, en palabras de Evangelina, una vecina de Valdoviño que no malgasta esfuerzos en quitarse años. «Son tan vella como andar de pé. E por iso lembro moi ben como se facía este traballo. Agora é distinto; hai máquinas modernas que cho dan todo feito». Pero en Valdoviño, un día al año, cuando llega agosto, les gusta regresar al pasado. Para Diego Barcia, otro entusiasta de la fiesta, se trata de «no olvidar los oficios de nuestros mayores». Y vaya si lo consiguieron. En San Mamede había canas, pero también jóvenes y niños. Cada uno disfrutó de la fiesta a su manera. Unos mirando y otros sudando. También regresaron al pasado en lo gastronómico. Como antaño, tras el trabajo, se sirvió guiso de bacalao, con garbanzos y patatas, para recuperar los bríos. «Cada pueblo tenía su merienda para los malladores. En unos se servían callos, en otros cocido y en el nuesto, de siempre, bacalao», explicaba solícito Diego. San Mamede no se cansa de fiesta. Y tras la resaca de trigo y paja, los de Valdoviño se preparan para el trajín de las carrilanas. En San Mamede, esta tarde, a las seis.