Rosa Sierra, profesora de matemáticas Lleva media vida dedicada a la educación. Profesora de matemáticas en enseñanzas medias -actualmente es jefa de estudios en el instituto de Miño-, su experiencia le demuestra que el fracaso escolar no sólo tiene su origen en las aulas, y que las familias son quienes poseen la llave del futuro de los niños. Cree que, con esfuerzo, en el día hay horas suficientes para todo. Pero ella, que sin dejar su trabajo, compaginando enseñanza y deporte de élite, formó parte del equipo español de marcha atlética que se proclamó subcampeón del mundo en Nueva York en 1986, también sostiene que descansar es imprescindible. Y para los escolares, dice, mucho más.
20 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Abrió más caminos de los que muchos quizás recuerden. Entre ellos -aunque ésta no sea la mejor ocasión para hablar de ello- el de una disciplina, la marcha atlética, que hasta la llegada de Rosa a la élite internacional parecía vedada a los deportistas gallegos. Pero no suele hablar mucho de atletismo. Y, de hecho, tras abandonar la alta competición sus vínculos con el deporte siguieron otros caminos, como el de la gimnasia. Por eso, cuando habla de su época de marchadora lo hace para convertir el entrenamiento en una metáfora, y los triunfos también: para decir que si alguien pone los medios para lograr lo que desea, raramente lo deja de conseguir. -Pero antes de hablar de las clases, cuénteme de nuevo su teoría sobre las vacaciones. Dice que no es partidaria de que a los escolares se les reduzca el tiempo de descanso... -No, no lo soy. Y veo que, por unas cosas o por otras, las vacaciones cada vez son menos. Pero los estudiantes (aunque también los profesores, quede claro) necesitan desconectar. Incluso los que han suspendido y dejan asignaturas pendientes para septiembre deben tener un tiempo de descanso. Porque tú ya sabes lo que le pasa a los atletas: si hay un sobreesfuerzo, el cansancio físico puede superarse reposando un par de días, pero el cansancio mental no se supera tan fácilmente. Precisa un periodo de descanso mayor. -El mundo de la educación ha sufrido transformaciones muy profundas en apenas un par de décadas. ¿Qué cambios le parecen más importantes? -Creo que el profesorado es más accesible ahora que cuando nosotros estudiábamos en el instituto. ¿O no? Y eso es importante. Pero también hay un lado negativo, y es que se ha perdido el principio de autoridad. Creo que ahora tenemos una idea equivocada de la disciplina, y la confundimos con un conjunto de medidas represoras, cuando en realidad se trata de establecer criterios, y de mostrarle respeto a quien trata de enseñarte algo que no sabes. -Por cierto: no la imagino yo mucho a usted en el papel de jefa de estudios... -¡Ufff...! Pues ya ves... Y no creas que me gusta. Nada de nada. Pero a veces no queda otra solución que hacerte cargo de funciones en las que no había pensado nunca. -Volviendo al día a día de los institutos: ¿qué más cambios ha habido? -Se ha incorporado la tecnología a las aulas. Eso, por suerte, está ahí. Pero a mí cada vez me resulta más complicado motivar a los chavales. Y no digo que sea algo generalizado en el centro, ¿eh?, seguramente será un problema mío: la consecuencia de mi incapacidad para fomentar en ellos el cariño por las matemáticas. Pero es así. -La suya no es una asignatura cualquiera. -No lo es, no. Pero es apasionante. Los chavales, que son muy prácticos, siempre me preguntan: ¿y esto, para qué sirve? Entonces yo les respondo que sin el análisis matemático no existiría la ingeniería, que sin el álgebra no sería posible la informática, que mi asignatura es muy útil... pero ya ves. -¿Y usted, qué tal lo pasa? -Pues yo, bien. Porque creo que no he perdido la capacidad de disfrutar cada vez que preparo un ejercicio nuevo. Y me gusta enseñar. Siempre he tenido una vocación didáctica muy marcada. Además, me emociona ver en el encerado la demostración de un teorema. Eso es... ¡perfecto! -Los profesores de matemáticas se quejan de que la mayoría de sus alumnos no se interesan por la asignatura. Pero los de humanidades dicen lo mismo. -Son casos diferentes. Las humanidades sirven para que uno sea más feliz. Las matemáticas, en cambio, tienen una utilidad práctica incuestionable. -Hombre, dicho así... -¡Es que es así! _ríe Rosa. -¿Por qué hay tantas depresiones entre el profesorado? -Porque la enseñanza, como profesión, si no tienes el talante necesario, es tremenda. Hay gente que pasa verdadero miedo. Y no hablo de miedo escénico, sino de algo bastante más serio. Por eso hay que tener carácter. -O sea, que el mito de... -¡El mito de nada! La gente piensa que trabajamos menos que nadie, y no repara en lo que supone preparar las clases e impartirlas. El estrés es brutal. Por eso todos necesitamos las vacaciones.