A Capelada volvió a reunir a miles de personas para presenciar el tradicional curro, que cumple 28 años Llega julio y el tiempo de las rapas. Las yeguadas del monte han parido en abril y es necesario pasar al recuento, marcar y cortar crines. En la comarca de Ferrol lleva la palma el curro de A Capelada, celebrado ayer. El día 14 le seguirá el de Forgoselo (A Capela) y luego otros menores no tan turísticos. Porque, en realidad, los ganaderos celebran un curro-espectáculo y luego, ya en privado, realizan la tarea de verdad. En Cedeira son reaccios a integrarse en el plan de recuperación del caballo autóctono.
30 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Ochocientos caballos salvajes, de raza imprecisa, producto de toda clase de cruces, pastan en los montes de A Capelada, que reciben su nombre porque casi todo el año sus cumbres están cubiertas de una gorra de nubes venida del mar. Los montes son municipales y las caballerías -diferentes yeguadas al mando de machos-, particulares. El curro reúne a todos los ganaderos de la zona más vistantes y los primeros turistas de verano, atraídos por este espectáculo. Tanto público convoca también a pulpeiras, vendedores de rosquillas, tabernas ambulantes, norteafricanos que venden de todo, algún tratante que también se deja ver... En fin, todo lo habitual en una fiesta campestre del país. Dentro del recinto, reunidos los caballos, los propietarios realizan un par de faenas de rapa y marcado a fuego de los animales nacidos la pasada primavera, para recordar viejas tradiciones. Es una mezcla de tradición, fuerza y vistosidad, amenizada por un comentarista de la zona, que habla a través de una megafonía atronadora, como si estuviese acodado en la taberna. Ahora no hay problemas eléctricos porque un electrogenerador aporta los watios que haga falta. La convocatoria atrae a todo un corolario de caballistas del entorno, monturas masculinas y femeninas, que lucen sus galas de aquí para allá y, algunos, a la tarde, demuestran su destreza en el trote y en la carrera. Vale la pena el viaje.