«Vivimos en un lugar mágico»

La Voz

FERROL

Pepa Antón, poeta Acaba de recibir el Premio de Poesía Hernán Esquío, el galardón que concede, cada año, la Sociedad Artística Ferrolana. Sus versos hablan de lealtades, de fragancias, de balcones de hierro y de abandonos, pero también de barcos y de silencios. Es Pepa Antón, que estudió Derecho y vivió en Madrid durante años, pero que siempre tuvo claro que su camino no estaba en las leyes -jamás ejerció la abogacía- y cuyos pasos siempre buscaron el retorno, porque no hay mejor camino que el que permite regresar. Así que decidió quedarse en el Ferrol al que su familia, vinculada a la Armada, permanece unida desde hace siglos. Aquí, dice, está su lugar.

29 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Pepa, que es hija del novelista José Luis Antón y esposa del pintor Pipo Romero, afirma que sólo aquello que se ama puede alcanzar su verdadera dimensión, porque está convencida de que la primera condición para hacer viable un proyecto, ya sea un país o un libro, es creer en él. Por eso, y porque la ciudad es para ella más un estado de ánimo que un territorio, su poesía («no me llames poeta, anda, que me da corte...», bromea) acaba dirigiendo siempre su mirada a Ferrol. -Un día, no sé si lo recuerda, me dijo usted que Ferrol es una ciudad «deliciosa». -Lo dije y lo mantengo. Pero para darse cuenta de que es así hay que saber descubrirla, y permitir que la mirada se pasee por las piedras, por las galerías, por las balconadas. Hombre, lo que sí está Ferrol es un poquito abandonado, qué quieres que te diga, pero reúne las condiciones suficientes, si se dan los pasos adecuados, para que como ciudad vuelva a ser lo que fue: una auténtica maravilla. -¿Y de esos pasos, cuál sería el primero? -Pues arreglar las fachadas, mejorar las condiciones de los jardines... Nada excepcional. Todo es cuestión de tener un poco más de cuidado. Se trata de algo puramente ornamental. Un edificio cambia muchísimo sólo con pintarlo. Y una ciudad... -O sea, que lo que hay que hacer... -¡Es lavarle la cara! -¿Y nada más? -Hombre, sí. También hay que tomar conciencia de lo que Ferrol ha sido. No hay que olvidar que en el Siglo de las Luces fue la primera ciudad industrial de Galicia. ¿Sabes qué idea me gusta mucho...? -No. -La del Camino Inglés. Creo que para los peregrinos que vienen hacia Santiago por mar la puerta de España tendría que ser Ferrol. Este tiene que ser su puerto de entrada. Y sabríamos recibirlos como merecen. ¿Recuerdas el éxito que tuvo la concentración de veleros? Esas cosas son importantísimas para una ciudad como la nuestra. -¿Cree, entonces, que el turismo tendrá que ser uno de los principales motores del desarrollo de la economía local? -Por supuesto. Pero tenemos que ver qué clase de turismo. El turismo cultural, el de calidad, es el que interesa. Porque su presencia también hace que el entorno se modifique para mejor. -¿De qué forma? -Pues creando la infraestructura necesaria para recibirlo. Por ejemplo: ¿qué es mejor, crear campos de golf, que respetan el medio ambiente y lo embellecen y que atraen a ese turismo de calidad, o destruir el suelo haciendo un circuito de motocross? Pues a eso me refiero. -Por cierto, que no estamos hablando nada de poesía. -¡Huy, no te preocupes! -Habla usted de la importancia de cambiar de actitud. ¿Y para eso, qué se necesita? -Sólo que los ferrolanos seamos capaces de ver las extraordinarias potencialidades que reúne nuestra ciudad. No es preciso ningún milagro. A la ciudad hay que quererla. Y cuando de verdad la quieres, ya estás dispuesta (ríe Pepa) a partirte la cara por ella. -Y no cree usted que en esa actitud puede haber también algo de... -¿Chauvinismo? -Si quiere llamarle así... -No, no hay nada de chauvinismo. Es algo muy distinto: la creencia de que el mejor trabajo es el que se hace codo con codo. Yo estoy firmemente convencida de que Ferrol puede recuperar el esplendor de otras épocas. Pero para eso es imprescindible que todos aceptemos que ese esplendor no es una invención, sino que lo tuvo. ¡Porque es que de verdad lo tuvo! A ese esplendor, a esa brillantez, Ferrol no es una ciudad advenediza. Su tradición está ahí. -Dice usted siempre que no querría vivir en ninguna otra ciudad. -¡Por supuesto! Verás, es que Ferrol es una ciudad muy especial. Y en contra del tópico, aquí no se aprecia a la gente por lo que es, sino por cómo es. Como nos conocemos todos, los cargos no importan. Lo que de verdad vale son las cualidades de cada uno. En Madrid, en cambio, como nadie se conoce, sí que se vive de las apariencias. ¡Por eso pasan cosas -ríe Pepa de nuevo-como lo de Gescartera! Nosotros, en cambio, vivimos en un lugar mágico. Tenemos suerte.