RÍO DE LA SARDINA
25 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Toca viajar a Gijón, ante un rival ya casi sin aspiraciones. El objetivo del pichichi de Ismael es un aliciente más para que los aficionados viajen con el Racing a ese santuario del fútbol llamado El Molinón. Allí sabremos cuál de los dos tiene más alma de vencedor. Los diablillos verdes prometieron a su afición luchar hasta el final. Así que no habrá relajación ni mosqueo, sino que seguirán sacando su lado ambicioso para sumar más puntos si es posible y dar un mensaje de tranquiliad absoluta a su gente, que es el mejor tratamiento a estas alturas de la Liga. Las derrotas por la mínima hirieron el orgullo del Racing. Así que, contra el Recreativo, los jugadores salieron enfadados y, al mismo tiempo, muy motivados. Porque, aunque dieron la sensación de normalidad, la procesión iba por dentro. Sabían que la medicina para ganar era el trabajo bien hecho, y pusieron manos a la obra ante ellos. Final abierto Los andaluces, conscientes de que afrontaban otra final, no podían dejar pasar la oportaunidad. Los tres puntos en juego eran trascendentales para sus aspiraciones. Sin embargo, tuvieron que conformarse con uno, pese a darlo todo hasta el último minuto. El Racing vino demostrando esta temporada que contra los fuertes siempre ha puesto un feeling especial, convencidos sus jugadores de que las opciones de estar arriba merodearon con frecuencia. Esos antecedentes dan motivos para aferrarse a que el equipo funciona. Como demostró que volvieron a poner las cosas en su sitio, con un resultado justo, después de ir pendiendo largo tiempo. Porque, como hemos dicho muchas veces, en fútbol hay que saber perseverar, atacar y defender. Los racinguistas tienen la moral de los fuertes, concentración y saben jugar al fútbol, como demostraron contra el autobús atravesado en la portería del Recre. Hasta que abrieron un hueco, que trajo el empate y el enfado monumental de los visitantes.