Director deportivo, mejor jugador del siglo pasado e ídolo de la grada, debuta esta Liga de técnico para subir al rival verde
19 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.¿Qué mejor remedio contra la crisis de identidad del Santander que su símbolo? Ante el síndrome de Segunda que se apoderó de El Sardinero, el club recurrió a un mito. Tuvo que verse en la zona de descenso para destituir a Gustavo Benítez. Y convirtir entonces a su director deportivo, mejor jugador del siglo XX e ídolo de la afición en entrenador. Todo lo representa Quique Setién, quien también le enseña ahora el atajo del precipicio de Segunda B a las puertas del retorno a Primera. Debutó en Ferrol con derrota. Y se abrió paso en casa, al ganar nueve partidos y sólo ceder un empate. Fuera no desluce, con sólo tres derrotas. Su progresión cambió su cuarto puesto, de la cola a la cabeza. El fútbol playa ocupaba los últimos días de Setién como jugador. Ganó dos Europeos con la selección nacional, en la que recordaba sus primeras patadas en la arena con el modesto Casablanca. Pero el club de toda su vida, donde jugó del 77 al 85, y del 92 al 96, con escalas en el Atlético, Logroñés y Levante, le pidió auxilio a principios de Liga y acudió para ocupar un puesto en los despachos. Aceptó entrenar de forma interina y su buena labor y los resultados le atornillaron al banquillo. Apoyado en otro experto en situaciones difíciles como Nando Yosu, habitual recurso en el Santander, Setién dejó correr aire fresco por el vestuario. Sentó a vacas sagradas, de la puerta a la delantera. Empezó por Ceballos, quien después de doce años bajo los palos recibió sus dos últimos goles en A Malata, y continuó por Txema, Morán, y los argentinos Arzeno, Mena y Mazzoni. Apostó por otro estilo, con jugadores como Neru, Mora, Nafti, Diego Mateo y Bodipo, quien marcó nueve goles en once partidos. En diciembre siguió la limpieza, y convirtió a Txiki, de la Leonesa, en su interior izquierdo. Las lesiones matizarán ante el Racing los cambios, pero el espíritu es el del mito, que sabe el camino de vuelta a Primera.