RÍO DE LA SARDINA
14 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.De buena nos libramos. Hasta la prolongación, un solo punto premiaba el partido del Racing ante el Elche. Pero llegó Manel... y cambió la agonía que soliviantaba a la grada por el bálsamo victorioso. Y es los resultados lo tapan casi todo y pronto se olvidará lo que ocurría sobre el mimado césped de A Malata. Las bajas impiden exigir perfección y mucho menos medidas drásticas. Existen recelos, pues el partido fue embarullado, sin ritmo, y las imprecisiones y la falta de ideas en ataque retardaron el gol, fruto de más empuje que juego. Porque el Racing quería y no podía, tenía actitud pero le fallaban los recursos. El equipo muestra el sello que le imprime Luis César, con la defensa adelantada y atenta. Mención aparte merece Aizkorreta. Un japonés que veía el choque delante de mí decía que en cada intervención suya subía el pan. Visita antes del hueso Queda un triunfo con el que no desvanecen las ilusiones de que la mejor historia de este equipo está por escribir. Escocida por lo que venía pasando, la afición recibió un premio en la propina del partido. Ahora mira de reojo el viaje a Murcia. Puntuar allí le daría un empujón de confianza para recibir luego al Atlético. Otros tiempos y riquezas están en juego ya.