RÍO DE LA SARDINA
07 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Hay muchas interpretaciones sobre lo que le está pasando últimamente al Racing. Y el ventilador sigue funcionando a tope. Pero sólo un hecho está claro: el equipo es muy superior a lo que hemos visto en los dos últimos partidos de A Malata, donde se ha abierto demasiado la caja de las facilidades y los resultados no fueron los deseados. Las jornadas se consumen y la reacción definitiva se hace esperar, aunque avanzar punto a punto a estas alturas del campeonato a algunos les produce más desilusión que esperanza. En esta salida a Eibar se hace indispensable mojar para seguir fuera del tren de la cola y tomar el debido oxígeno para afrontar la recta final de la Liga, que va a estar llena de partidos de alto riesgo clasificatorio. Los vascos de Ipurua serán un rival difícil. Conforman un equipo hogareño, al que al calor de su afición se hace difícil vencerle, pues echa todo en el césped, achicando espacios, aunque es este un método que ha ido perdiendo actualidad, y no entiende de racanería en el juego. Sus jugadores tiran de oficio hasta el último minuto y no les seduce la tentación del conformismo. Pero su rendimiento cae en picado cuando se le juega con cierta calidad y desequilibrio. No vale esperarlos, hay que ir a por ellos con el balón, sin que los demonios más antiguos atemoricen a los hombres de Luis César. Por ello, si el Racing quiere tumbar al Eibar tendrá que salir convencido, luego jugar por las bandas, encontrarse cómodo en el medio campo con la pelota en su poder y, por supuesto, manteniendo el rigor defensivo. Y si Razov hace que el juego de ataque sea suyo, la cosa estará más fácil para asaltar las trincheras enemigas con todos los cohetes posibles. Habrá que diseñar un partido muy práctico, con buena disposición en el campo y presente el objetivo de alcanzar un resultado positivo para reencontrar la paz perdida.