RÍO DE LA SARDINA
13 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Iba dominando el Racing y llegó Rubio Iniesta, y se puso a quitar a los pobres para entregar a los ricos. ¿Quién es el Racing? Una pregunta perversa que pretenden hacerse algunos para restar la categoría dignísima que tiene el equipo ferrolano ganada a pulso, y que sólo un cómplice de los grandes clubes puede hacer temblar. Un gol regalado y dos penaltis que no quiso ver un árbitro tramposo, hicieron que miles de aficionados montasen en cólera y gritasen al cielo para pedir justicia, incluso clamar venganza. Nos lo temíamos y así fue, el Racing no pudo reilusionar a sus seguidores y seguir en la racha porque un árbitro así lo dispuso ante un Betis que vino a A Malata a vender humo. Su escaso juego de conjunto, apelotonando jugadores en defensa, y escasas individualidades fueron la aportación que hicieron los de Fernando Vázquez a un espectáculo que sólo contó con el Racing. El equipo de Luis César jugó de igual, ensanchando el juego y desarrollando el acopio de genio, buenas artes y orgullo para arrinconar casi todo el partido a un líder que no mostró sus supuestas virtudes. Presión al rival El Racing planteó y encaró bien el partido, con intensidad y concentración. Desde el inicio metió presión en el área visitante a pesar de que muy pronto subió al luminoso un gol a todas luces ilegal. Me exlico: un disparo de Capi, con Amato en claro fuera de juego, es rechazado por Aizkorreta y el propio Amato envía a la red. Protestas, pañolada, toallas al suelo y cabreo generalizado por parte del público que siguió tutelando a su equipo, que masticó a los béticos hasta el final. Pero el Racing una vez más fue maltratado por la fortuna y por los gigantescos errores arbitrales. Y así el fútbol acabó premiando a un Betis que vino a pasear un perro que no es tan fiero como lo pintan.