FÚTBOL / RACING
12 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Un antiguo símil distinguía a los árbitros entre palomas y gavilanes según fuesen dóciles o voraces con los equipos de casa. El curioso sistema de designación volvió a enviar un depredador al feudo del Racing. Rubio Iniesta llegó a Galicia con un claro balance favorable a los conjuntos visitantes. De los nueve partidos que había dirigido hasta ahora en esta temporada, cinco terminaron con victorias foráneas, por sólo tres empates y una derrota. El castellano-manchego ya había dejado una mala impresión en su anterior presencia en A Malata, cuando el Tenerife ganó por 1-2. La afición verde acudió ayer en masa para vivir una de las jornadas festivas de la temporada. El choque contra el Betis llegó en el mejor momento del Racing en la liga, tras ocho jornadas sin perder, y la hinchada pobló las gradas con más de siete mil espectadores que dieron un precioso ambiente al estadio de A Malata. Pero la afición ferrolana era consciente de la anterior actuación de Rubio Iniesta y los números que lo avalan. Primera polémica A los cinco minutos ya se escenificó el desencuentro entre el público y el árbitro. El gol de Gabriel Amato nació en un disparo de Capi que despejó Aizkorreta y aprovechó el ariete sudamericano. La grada pidió fuera de juego. La jugada es para ver a cámara lenta. En las imágenes ofrecidas por la televisión parece que en el momento del disparo del canterano, el punta argentino se encuentra en línea con el antepenúltimo hombre del Racing. Rubio Iniesta ni dudó ni consultó con su asistente. Concedió gol legal al instante. Sí atendió Rubio Iniesta a las indicaciones del linier al cumplirse la docena de minutos. Manel disparó a puerta y el balón golpeó en el brazo de un rival. El asistente levantó la bandera y la grada festejó el penalti. Pero otra vez topó con el colegiado, quien, a instancias de su auxiliar, pitó un extraño fuera de juego. A los veinte minutos, el Racing acumulaba cinco faltas por sólo dos del Betis. Y el resto del partido sirvió para que las diferencias entre el colegiado y la grada aumentasen paulatinamente. Sin decisiones polémicas, pero con una actuación que fue minando el aguante de la hinchada local.