RÍO DE LA SARDINA
09 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Hace unos años el Racing era un equipo sin padre ni madre. Afortunadamente aquella historia se ha relanzado y hoy es un club feliz que camina con su gente hacia la conversión en Sociedad Anónima Deportiva (SAD). En el campo, jugadores y aficionados se sienten invencibles: no lo son, pero casi. Así lo vienen demostrando en la Liga. Su voracidad se cobró una víctima el pasado domingo. En Santiago, sacaron conclusiones muy positivas. Hay un delantero centro a la antigua usanza, Razov, que lleva una zeta en su apellido que resume la geometría de su juego y tiro a gol. Nogueira parece tocado del cielo, ya que cada balón que le llega lo convierte en oro, es decir, en jugada de gol. Darmon es el jefe en dos líneas de cuatro, mientras Aizkorreta se enciende cada vez más. Con este equipo nacieron sensaciones nuevas que transmiten y enchufan en la afición alegrías cada jornada. Por ello la grada volverá a estar mañana guerrera, para ayudar a su equipo a que no pierda la velocidad de crucero, que lleva aún a pesar del estado del Mar. Su mejor momento El Racing y el Betis viven su mejor momento. Los andaluces, segundos, son batibles. Es un equipo cuajado de titulares poco discutibles. Amato es el cañonero y el hombre a vigilar, también Cuéllar debe preocupar, pero lo más cierto es que son un conjunto compensado que cuando precisa fortaleza física los más obscuros aportan esfuerzo. Su entrenador, Fernando Vázquez, les ha transmitido carácter ofensivo, y no renuncian ante el gol. Luis César sabe que los detalles son decisivos en los partidos importantes. Estudió a fondo a sus rivales, y con su habitual lenguaje de aficionado común, le preocupan los andaluces, pero confía en el rearme racinguista y en que contra el Betis sus jugadores vuelvan a imponer su pragmatismo.