SUSPENSO AL ÁRBITRO

La Voz

FERROL

RÍO DE LA SARDINA

19 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

En este mundo mundial, por mucho que nos pese, el fútbol es un negocio y un espectáculo que se mueve con criterios empresariales, donde se manejan estadísticas, audiencias, publicidad y todos adorando el becerro de oro. Aquello de ilusión y sentimientos es sustituido por estructuras y reglamentos rígidos, interesados, que interpreta y maneja a su antojo el árbitro. Aquí arranca uno de los males del fútbol y nadie pone remedio. Muy al contrario, para muchos dirigentes los errores arbitrales son un aliciente más. El sábado, muchos aficionados comprobaron como el grupo arbitral suspendió el Racing-Albacete porque había zonas de A Malata embarradas, lo sobresaltó a los asistentes y trae consecuencias incalculables para el equipo ferrolano. La culpa fue la de siempre, «debido al deficiente estado del terreno de juego, se pueden producir lesiones graves». A mí me pareció irracional la decisión, y así lo compartí con muchos ferrolanos que querían que se jugase, pero el trencilla hizo una demostración de hombría resoluta. Y a casa. Es cierto que el césped no está en las mejores condiciones, pero es difícil fijar el momento de interrumpir un choque sin perjudicar a una parte, en este caso quien quería jugar. Los futbolistas, a pesar de los interesados que los rodean, aún son deportistas y están preparados para las contingencias ambienteales, soportando lluvias de todo nivel y tempreraturas altas. Por ello, esta situación que se ha creado va a tener serios perjucicios para el Racing si Dios no lo remedia. El partido se debió jugar, había tiempo a suspenderlo. Y después a restañar las heridas en el césped, pero salvo un árbitro, nadie en ningún lugar, ni desde ninguna posición, está titulado para defender lo que le dé la gana, a costa de lo ajeno, sobre todo cuando estos son los que pagan el espectáculo.