La expulsión de Sueiro dejó a los ferrolanos con diez desde el minuto 27 El Racing supo adaptarse al barrizal en el que se ha transformado el terreno de juego de A Malata, donde ayer superó al Lleida por 3-1. Una victoria con doble valor, ya que superaron a un rival directo por la permanencia en la categoría de plata. Además, el triunfo pone fin a una mala racha de los ferrolanos, con cuatro partidos sin ganar en el estadio de A Malata. De hecho, el último punto en casa se había sumado el día 1 de octubre, fecha en la que empató a dos goles frente al Badajoz.
02 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.Los ferrolanos necesitaban el triunfo y ayer pusieron toda la carne en el asador. El partido no fue bueno, aunque tampoco el campo permitía nada más. Ganó el Racing porque fue mejor que su rival, más ambicioso y porque tuvo la suerte y acierto que le faltó en anteriores partidos. Disparó mucho menos a puerta que en otras ocasiones, aunque anotaron tres goles. Fútbol es fútbol, que diría Boskov. A pesar de la carta entregada por Pepe Criado a Sánchez Arminio, de nuevo, el árbitro no estuvo a la altura de la categoría, Estaba claro, un partido entre dos equipos de la cola, se manda a un árbitro novato, debutante en la categoría. Estuvo a punto de armarla. Protestaron los locales, los visitantes y también la afición, que le pitó durante todo el encuentro. No aplicó la ley de la ventaja, se excedió en las tarjetas y en las dos áreas no quiso complicarse, siempre pitó peligro. El partido se había puesto muy pronto de cara para los ferrolanos. Tras una buena ocasión desperdiciada por Emery, el vasco Gonzalo Sueiro no desaprovechó el «regalo» del ex-barcelonista Busquets, para enviar el balón al fondo de la red a los once minutos de juego. Carlos Rivera, especialmente atento, salvó al Racing del empate un minuto más tarde. Cuando el disparo de González ya se colaba lo sacó desde la misma línea de gol. Menos suerte hubo a los 23 minutos de juego, tras una falta al borde del área. Una vez más, en una jugada a balón parado, falta de atención de los ferrolanos y el rechace que llega a Ramón, que supera a Aizkorreta con un disparo casi sin ángulo, y establece la igualada en el marcador. Por si fuera poco encajar el empate, a los 27 minutos de juego hay una dura entrada a Emery -quien tuvo que ser retirado del campo lesionado- Gonzalo Sueiro que seguía de cerca la jugada pierde los nervios y protesta al colegiado (interrumpe su trayectoria), acción que le cuesta la segunda tarjeta amarilla y la expulsión, por lo que los ferrolanos se quedan con diez. Luis César tiene que reestructurar el equipo. Da entrada a Pablo en lugar de Emery, mientras que Borja pasa a jugar por la banda derecha y Fran Nogueira se queda sólo como hombre más adelantado. El partido parecía ponerse cuesta arriba para el Racing, aunque el equipo actuó con una gran serenidad. A los 38 minutos de juego, en una acción iniciada por Pablo, que aprovecha Rivera para hacer un centro perfecto, Fran Nogueira logra sorprender a Busquet y consigue el segundo para el Racing. Los ferrolanos, pese a estar jugando con diez, llegaron al descanso con esta ventaja en el marcador. En la segunda parte, Rubio dio entrada a dos hombres en el medio campo, tratando de ganar el encuentro en esta parcela. En los primeros minutos de esta segunda mitad, el Racing no estuvo acertado en defensa, aunque el Lleida tampoco ofreció una gran sensación de peligro, ya que apenas sí disparó a puerta. Aizkorreta, que cada día parece más nervioso -quizá debido al exceso de presión por parte de la grada- hizo un par de salidas en falso que pusieron la piel de gallina a la afición. El Racing consiguió serenar su juego y a base de entradas por la banda izquierda, con un Pablo que estuvo magnífico y que supo mover el balón en el penoso terreno de juego de A Malata, llegó arriba con peligro. En una de estas acciones, Noguiera consigue llevarse un balón y marcar el tercero, el de la tranquilidad. El partido prácticamente se acabó. El Lleida incluso sacó a Padín, aunque todo el pescado estaba ya vendido. Los ferrolanos incluso pudieron anotar alguno más, aunque Busquet le hizo un paradón a Pablo y el barro impidió que Villa marcara su primer gol como racinguista.