Expuso ayer su proyecto durante un congreso internacional en Madrid Valentín Lamas estaba ayer pletórico. Con sólo 29 años, era uno de los tres únicos ponentes españoles en un congreso internacional de arquitectura que se celebraba en Madrid. Lamas, ferrolano del Ensanche A, tenía la misión de mostrar el diseño de una casa plegable, que cabe en una camioneta y se monta automáticamente, en tres minutos, con sólo accionar un botón. El invento tiene dos utilidades básicas: como refugio playero de fin de semana, o como sustituta de las tristes tiendas de campaña que vemos en los casos de catástrofes humanitarias.
21 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Valentín Lamas López es profesor de la Universidad de A Coruña. Allí ha formado equipo con el catedrático Juan Bautista Pérez Valcárcel y el también docente Eloy Domingo. Los tres han trabajado en el diseño de la casa plegable. Ayer, el joven Lamas esbozaba su ponencia por teléfono, mientras aguardaba su turno en la sala de conferencias instalada en el hotel Meliá de Madrid. Su intervención se centró en la cuestión técnica. El truco, resumió el técnico inventor, está en los cálculos. Hay que hacer numerosos y complicados cálculos hasta diseñar la estructura perfecta. El resultado de su trabajo, y el de sus compañeros, es un diseño que, cuando se comercialice, revolucionará el mundo inmobiliario. «La gente podrá entrar en un concesionario a comprar una casa como si fuera un coche», soñaba Valentín Lamas. La estructura cabrá en un remolque de camión. Harán falta dos horas y tres minutos para instalarla. Las dos horas, para instalar una especie de traviesas que hacen las veces de cimentación. Tres minutos, para que un motor despliegue las piezas y levante las paredes de la vivienda, que tendrá una superficie de unos noventa metros cuadrados. Podrá ser de madera o metal. El creador ferrolano no se atreve a estimar un precio de venta del ingenio. Sí augura sus posibles usos. Será un buen modo de hacerse con un chalecito para la playa o la montaña, pero también servirá para sustituir a las tiendas de tela con que ejércitos y Cruz Roja pueblan lo campos de refugiados cada vez que estalla una catástrofe y precisa de ayuda humanitaria en algún punto del planeta. La casa plegable sería, al fin y al cabo, un techo.