Fin de la saga que enseñó a morir

Tras el lanzamiento del DLC «The Ringed City» para «Dark Souls III», la saga de épica y acción creada por el nipón Hidetaka Miyazaki llega a su fin. Difíciles, desesperantes, a ratos e increíblemente bellos; así son los títulos que ya forman parte de la historia.

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Aparece el mensaje «Has muerto». Y vuelta a empezar. Y vuelta a morir. Y vuelta a empezar. Y, al fin, el jefe del nivel es derrotado. Desde el lanzamiento de Demon’s Souls en el 2009, Miyazaki ha luchado a contracorriente con las tendencias actuales: juegos fáciles, con muertes sin castigo, con historias lineales, que se pasaban sin mayor esfuerzo. Su apuesta por la dificultad, porque todo momento sea un reto constante, e incluso que el argumento tenga que ser descubierto e hilado por el jugador; han sido la firma de una saga titánica, un tiburón jurásico, un auténtico megalodón en el océano que es la industria del videojuego.

The Ringed City, el segundo y último DLC de Dark Souls III, es la gran despedida de Miyazaki. Un guiño constante a sus otros capítulos y una dificultad absolutamente endiablada que llega a rozar lo imposible. No lo es, pero así ha sido siempre. Ensayo y error. Morir, aprender, tratar de hacerlo mejor.

La historia de la saga Souls es difícil de contar, incluso de resumir. Apenas hay escenas cinemáticas, y en la mayoría de los casos se reservan para la presentación de grandes monstruos o jefes finales. ¿Cómo se entera entonces el jugador que está ocurriendo? Leyendo, conversando, atando cabos. Quizás la descripción de un objeto, de una espada, o de un hacha guarde algo del mundo en el que se desarrolla la saga; al igual que los NPCs que van soltando pistas de nuestro destino y nuestra misión. El protagonista, que es moldeado al antojo del usuario, desde su aspecto físico a su manera de combatir, nunca habla.

Es un final que deja sabor agridulce. Más cuando no es la mejor creación de Miyazaki. Quizás demasiado lineal, quizás demasiado difícil pero poco natural, quizás poco inspirado. No importa. Dark Souls ha marcado a fuego a sus jugadores. Cualquier título similar en el futuro será comparado y vapuleado con la obra del nipón. Irónicamente, nunca morirá.

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