La estrella es el showrunner

Están detrás de todo el proceso de creación de una serie. Hombres y mujeres multitarea que escriben, supervisan, coordinan equipos, deciden y soportan la presión de los plazos y el presupuesto. En la era dorada de la ficción televisiva, han salido del anonimato y se han convertido en un referente.


Si a tu madre, esa que está enganchada a Juego de Tronos tanto como tú, le dices que David Benioff es el showrunner de la serie, lo más probable es que pregunté «¿show qué?» o que te mire con cara de académico de la lengua analizando la última canción que España ha enviado a Eurovisión. El anglicismo se nos ha colado como muchos otros a través de la pantalla, ¿pero hay en España showrunners? «En realidad es el productor ejecutivo», simplifica Carlos Carballo, director de Voz Audiovisual, «tiene capacidad de decisión, controla la selección de personal, la escritura del guión. Carballo hace el ejercicio frente a los créditos de una serie: «a veces salen cuatro productores ejecutivos. La mayoría son showrunners. Antes era el que llevaba la parte financiera, el dinero. Ahora controlan todo el proceso. Más que nada porque se juegan el cuello».

Esa sensación de cargar con todo el equipo, nunca mejor dicho, es la que trasladan los protagonistas del documental Showrunners, dirigido por Des Doyle y estrenado en España el pasado año después de una odisea para sacar adelante la producción. Un escaparate de reuniones interminables, mesas rodeadas de gente, páginas y páginas de guiones, por el que se pasean J.J. Abrams y Damon Lindelof (Perdidos), o el matrimonio King (The Good Wife). Y en el que alguno reconoce que «es al mismo tiempo el mejor y el peor trabajo del mundo», dice el creador de un éxito como Big Bang. Aunque también reflexionan sobre lo novedoso del término: si antes el papel recaía en el guionista jefe o el productor ejecutivo, a medida que la industria televisiva también se ha vuelto en parte más cinematográfica, emerge la figura de quien lo controla (y sufre) todo.

La marca de la casa

Más allá de la invasión de anglicismos, la irrupción del concepto se explica también por el cambio que se ha producido no solo en el sistema de creación de ficción televisiva, sino porque también ha cambiado la relación de los espectadores con las series que siguen, y que buscan no solo el reclamo de un actor o una cadena. En series en las que puede haber casi un director por capítulo, la identificación con un único responsable es mayor. House of Cards ha contado con directores como David Fincher, Agnieszka Holland, Jodie Foster. Pero el nombre detrás de la serie (además de Fincher, claro) es el de Beau Willimon. Es como la marca de la casa, el estilo y el ritmo del director de orquesta que va a marcar la serie. Libertad creativa, control sobre el proceso. Carballo insiste en que «cada vez hay más creativos que han montado su empresa. Porque si lo que compran es a mí, ya hago yo lo demás». Es el caso de Bambú Producciones, detrás de la que están Ramón Campos y Teresa Fernández-Valdés, pontevedresa que en el año 2014 fue incluida en la lista de los cinco showrunners más importantes de Europa por la revista The Hollywood Reporter. Bambú es la artífice de éxitos como Velvet, Gran Reserva, Gran Hotel. Y la productora que pondrá en marcha la primera serie española para el portal Netflix.

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