­El mercadillo, de la calle a la nube

La compraventa atraviesa un momento envidiable. También para ella la crisis marcó un antes y un después. También le obligó a emigrar, a dejar la calle y a instalarse en otro lugar. La mudanza le salió redonda. Dio con un lugar más tranquilo, más cómodo y más seguro: la Red, y, acomodada ahí, se propuso modificar los hábitos de consumo de la sociedad. Lo consiguió

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El pasado noviembre, el veterano Segundamano.es se convirtió en Vibbo. Este lavado de cara respondía a una doble necesidad; por un lado, conquistar a los codiciados millennials y por otro, sacar músculo frente a sus apuestos nuevos competidores. El grupo noruego Schibsted, propietario también de InfoJobs, Fotocasa, Coches.net y Milanuncios, apostó para sobreponerse del imparable crecimiento de esta nueva generación por hacer de la juventud, la colaboración y la diversión su filosofía de vida. Cambió de actitud. Asumió que «ser, sentir y experimentar» debía primar ante «poseer», un enfoque en el que Wallapop, con menos de tres años de vida, era ya todo un experto. Lo llaman el Internet caliente. La cara opuesta al desapego y a la individualidad, a la distancia que supone pulsar un botón y finalizar una compra. Un resultón camino, el de la proximidad y la interactuación con otros usuarios, al que ya le han jurado fidelidad plataformas como BlaBlaCar, Airbnb o Tripadvisor.  

...si no lo usas

Al sector de la venta de artículos usados la crisis económica, la misma que privó de oxígeno a buena parte del tejido empresarial dejándolo gravemente herido, le vino, sin embargo, de perlas. Dispuesta a exprimir al máximo esta segunda juventud, la compraventa cambió sus reglas y su código postal. Priorizó la experiencia, dándole valor a las opiniones y a las valoraciones del cliente, y se mudó de la calle a la nube. Los mercadillos emigraron del campo de la feria a ese lugar, que no es tal, pero que está en todas partes. El vasto Internet con aforo ilimitado. 

Primero fue eBay. Y Mil Anuncios. Luego llegó Wallapop y Segundamano corrió a cambiarse las pilas. La vertiginosa escalada de la española no le dejó otra opción. El contador de descargas de la aplicación más popular en nuestro país para vender y comprar ha superado ya la barrera de los diez millones, en su catálogo se exponen 48 millones de productos, se encuentra en pleno proceso de expansión internacional y está valorada en más de 800 millones de euros. ¿Cuál es su secreto? Son dos, en realidad: el factor geográfico y el contacto con otras personas. Hay incluso quien recurre a ella solamente para conocer a gente.

A diferencia de otros bazares virtuales, Wallapop es solo una aplicación móvil. No hay web donde regatear. Se rige por la geolocalización y, así, no solo es capaz de ofrecer a usuario las piezas de segunda mano que busca, sino también poner a su alcance las que tiene más cerca. Ordena sus resultado por proximidad. Es, además, gratuita. Para que el que vende y también para el que compra. Y no tiene publicidad. Entonces, ¿de dónde salen los beneficios? No los hay. No, que se sepa. No, de momento. Para sobrevivir, la plataforma ha ido recibiendo inyecciones financieras externas. Ha optado por hacerse fuerte primero, por consolidarse y ganar usuarios. La monetización ya llegará.

Declarar o no

¿Y qué pasa con los impuestos? Hace unos meses, Hacienda anunciaba que desde este abril perseguiría el comercio electrónico fraudulento con un Plan de Control orientado a comprobar los beneficios que obtienen quienes de lucran de la Red y a garantizar la adecuada tributación de las rentas que generen. Lo que sucede en el caso de los objetos de segunda mano es que, como el precio al que se venden es en teoría menor al original, están exentos de impuestos. Solo si la venta supera los mil euros, la ley exige abonar el Impuestod e Transmisiones Patrimoniales (4 %).

Amigos de amigos

Es pionera Wallapop más por reciclar una idea que por inventarla, pero no es el único rastro gestado al calor de este cambio de paradigma, del nuevo imperativo de lo social. Al otro lado del Atlántico, una recién llegada a caballo entre eBay y Tinder se postula si no como su sucesora, sí como una atractiva adversaria. Flogg funciona por amistades, permite hacer negocios con amigos de amigos, curiosear entre lo que ponen a la venta tus contactos de Facebook, vender reliquias a viejos conocidos. Su piedra angular es, por tanto, la confianza. Llega avalada por su creador, el niño prodigio de Silicon Valley, un chaval de nombre Ben Pasternak y escasos 16 años que ideó su primer juego mientras se aburría soberanamente en una clase de ciencias. Impossible Rush fue descargado más de un millón y medio de veces.

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