Háblale a tu estrés

El diálogo interior, mejor en tercera persona. Un estudio americano ha llegado a la conclusión de que si en vez de tratarte de «yo» te tratas de «él», durante tus autorreflexiones, controlarás mejor las emociones. Según el trabajo, no supone más esfuerzo que hacerlo en primera persona y puede ser un gran hallazgo de cara al futuro para comprender el autocontrol.

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J.F.

Una investigación de la Universidad de Míchigan y la Universidad Estatal de Míchigan (ambas en Estados Unidos), publicada en Scientific Reports, descubre que hablar en silencio con uno mismo en tercera persona podría ayudar a controlar mejor el estrés y las emociones. Para poder entenderlo más fácilmente, lo ejemplifican con la figura de un hombre que se siente molesto porque ha sido despedido recientemente. El modo de pensar sugerido para reflexionar sobre los propios sentimientos en tercera persona sería: «¿Por qué está molesto?, ¿por qué se siente así?», en vez de seguir la línea de reflexión en primera: «¿Por qué estoy molesto?, ¿por qué me siento así?».

 Líneas de investigación

¿Y por qué de este modo y no de otro? ¿Cuál es la diferencia? El motivo que les ha llevado a esta conclusión proviene de que hablarse a uno mismo como si se hablase con otras personas hace que pensemos de una manera más similar a cómo pensaríamos de los demás, de una forma menos crítica y emocionalmente menos reactiva. Es más, según los estudios, existen evidencias en el cerebro que lo confirman, y por lógica, este método resulta útil y de ayuda a las personas para que desarrollen cierta distancia psicológica de las experiencias propias y regulen sus emociones. Por lo tanto, supone un modo s sencillo de autocontrol.

El estudio, que ha sido financiado en parte por la Fundación John Temple y los Institutos Nacionales de Salud, está constituido por dos experimentos realizados por separado por ambas universidades y refuerzan notoriamente esta conclusión principal.

En el primero, realizado en el Laboratorio de Psicofisiología de la Clínica de Moser, los participantes reaccionaron ante imágenes neutrales e inquietantes mientras su actividad cerebral estaba siendo monitorizada por un electroencefalógrafo. Lo curioso es que la actividad cerebral disminuyó muy rápido cuando reaccionaron a las imágenes perturbadoras en tercera persona que cuando se refirieron a sí mismos. Al mismo tiempo, también fue medida la actividad cerebral relativa al esfuerzo que les supuso. Los datos condujeron a la segunda deducción: pensar en tercera persona no supone más esfuerzo que hacerlo en primera. Es un dato remarcable, porque otros métodos de regulación emocional requieren un notable esfuerzo de concentración. En el segundo experimento -dirigido por Ethan Kross, profesor de psicología de la Universidad de Michigan que dirige el Laboratorio de Emoción y Autocontrol- los participantes tuvieron que reflexionar utilizando la línea de pensamientos en primera y tercera persona sobre experiencias dolorosas de su pasado mientras se medía con resonancia magnética su actividad cerebral. De la misma manera que en el primer experimento, se mostró menor actividad en la parte del cerebro que normalmente está implicada en dicha reflexión al emplear la autoexpresión en tercera persona, de forma que sugiere una mejor regulación de las emociones a la par de reafirmar el primer resultado de que no supone más esfuerzo que en primera persona. Si finalmente se terminan de confirmar, estos hallazgos son de gran importancia para la comprensión del funcionamiento del autocontrol y para averiguar cómo ayudar a los pacientes a manejar el control de sus emociones en la vida ordinaria.

La escucha interna

Pero no se trata solo de hablar interiormente, también se ha de escuchar lo que el mismo cuerpo dice. Mar Sánchez, psicóloga en Neuromotiva, advierte que el primer paso es escuchar al propio cuerpo para aprender a gestionarse y liberarse de pensamientos que impiden vivir de una forma plena.

Excesiva carga de trabajo, falta de descanso, ritmo de vida acelerado... Estos son algunos de los factores que más influyen en desarrollo normal de la vida ordinaria entre la población. Según datos de la OMS (Organización Mundial de la Salud) un 28 % de los trabajadores europeos padecen estrés laboral, y un 7 % de las personas padecen estrés y ansiedad generalizados. Además apuntan que para 2020 la depresión se establecerá en segundo puesto en el ránking de enfermedades incapacitantes.

Aproximadamente un tercio de la población acude a consulta de atención primaria porque se siente enferma pero no se encuentra ninguna explicación médica. «Las patologías psicosomáticas afectan a cualquiera y la labor de prevención es una de las asignaturas pendientes en nuestra sanidad», asegura la psicóloga. Estas patologías están directamente ligadas a la salud mental. Los síntomas de quienes los padecen son una realidad y cada uno tiene un determinado umbral, por lo que se debe aprender a reaccionar a los propios sentimientos, aconseja. «Los bloqueos emocionales parten de emociones reprimidas que desembocan en ansiedad, depresión, estrés, y debilitan nuestro sistema inmunológico haciéndonos más vulnerables a ciertas enfermedades o dificultando la recuperación de otras».

La gestión de las mismas es imprescindible para tener una buena calidad de vida, y por eso, apunta Mar Sánchez, hay que tener en cuenta los síntomas ya que son puntos clave para reflexionar sobre el nexo entre mente y cuerpo. «Las emociones negativas acumuladas en el tiempo producen un bloqueo emocional que afecta a nuestra salud física y mental. Es más, cambian nuestro ADN, nos acidifica (los órganos enferman en entornos ácidos), impiden que tengamos oxígeno suficiente y afecta no solo nuestra salud corporal sino también a nuestras capacidades intelectuales», argumenta. Aligerar la carga emocional ayuda a evitar malestares relacionados con la mente-cuerpo. La psicóloga de Neuromotiva recomienda no huir de lo que le ocurre al cuerpo sino aceptarlo. Así que -continúa- «si estás cansado, descansa; si tienes frío, abrígate y si tienes ganas de llorar, ¡hazlo! Si te duele el cuerpo, escúchalo. Es sabio y te guiará».

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