La Galicia yeyé regresa 45 años después

Funcionaron entre 1965 y 1971, pero no llegaron a grabar ni un single. Lo hacen ahora. Son los Linces Pop, que actúan el próximo sábado en A Coruña con Los Chavales en el Playa Club 

LINCES POP EN LOS AÑOS SESENTA
LINCES POP EN LOS AÑOS SESENTA

La escena resulta totalmente felliniana. Ocurrió en una aldea de Touro, a finales de los sesenta. Los Linces Pop, una joven formación yeyé de Santiago, tenía prevista una actuación. Los chicos de la comisión de fiestas levantaron con troncos un escenario digno de la ingeniería de los Picapiedra. Otros vecinos ocultaban planes diferentes. «La señora de la tienda de comestibles notó que unos chavales habían comprado muchos huevos y tomates», recuerda Chema Ríos, guitarrista de la formación: «Lo vio raro y avisó a la Guardia Civil». 

En efecto, los jóvenes del pueblo recelaban de los músicos. Especialmente por el interés que despertaban en las mujeres gracias a sus peinados modernos y sus ropas a imitación de las de los Beatles y los Rolling Stones. Pretendían reventar su pase. No pudieron. Tres agentes de la Benemérita se plantaron en el escenario con los tricornios y el manto verde. «Tocamos todos cheos. "Somos como The Beatles, nos tienen que escoltar", decíamos», se ríe Ríos. 

Linces Pop sigue en los escenarios en apoyo a causas solidarias.
Linces Pop sigue en los escenarios en apoyo a causas solidarias.

Ahora Linces Pop ya no sufren esas presiones. Su música, una versión del pop británico de la época con toque garagero, clara influencia de Los Salvajes y miras a Led Zeppelin o Creedence Clearwater Revival, forma parte de la cultura oficial. Actúan en conciertos benéficos, desde su reunión en el 2012. Y, además, este mes acaban de cumplir uno de sus sueños: editar el elepé que no pudieron registrar en su día. Lo que el viento no se llevó, se titula. E incluye versiones castellanizadas de bandas como los Stones (Paint In Black convertida en Todo negro o Jumping Jack Flash, como Algo de títere), singulares adaptaciones galaicas de clásicos (el Massachussets de los Bee Gees convertido en Compostela) o lecturas de sus contemporáneos españoles (Cuéntame de Fórmula V). 

La edición refleja una paradoja de estos tiempos. «Grabar entonces resultaba imposible. Había que irse a Madrid», asegura Emilio Quicler, el batería de la formación. «Sin embargo tocar y que te pagasen era muy sencillo. No había otras distracciones y los conjuntos eramos muy solicitados», añade Ríos. En la carpeta interior del disco queda de manifiesto con una extensa relación de sus actuaciones. «Tocábamos entre seis y siete veces al mes, casi siempre en Galicia», dice.  

LINCES POP EN LOS AÑOS SESENTA
LINCES POP EN LOS AÑOS SESENTA

PASIÓN POR LAS GUITARRAS ELÉCTRICAS

La historia de Linces Pop se remonta a 1965, cuando sus integrantes tenían entre 14 y 15 años. Además de Ríos y Quicler, se encontraban Tony Viña (cantante), Paco Quinteira (bajo) y Alfonso Fariña (guitarra y voces). Todos estudiaban en el colegio compostelano Lasalle. De pronto, saltaron de la rondalla al conjunto musico-vocal. De ahí a la electricidad. «Vimos las guitarras eléctricas y nos pareció alucinante», relata Ríos. En principio fueron The Shadows, The Beatles y los Stones los encargados de lanzar la flecha. El ambiente favorable del colegio y el hecho de residir en una ciudad universitaria, puso el resto. Antes de ellos, grupos como Los Chelines o Blue Sky ya habían allanado el camino. 

Aunque llegaron a tener una oferta de Belter, Los Linces Pop no grabaron disco. Pero marcaron un hito dentro de las bandas gallegas de la época: colarse en TVE. Lo hicieron dentro de Campo Pop, un programa con el que el Franquismo pretendía dar una imagen moderna de los pueblos españoles. Ellos se hicieron pasar por lugareños de Porto do Son y, con su puerto de fondo, interpretaron una versión de Whole Lotta Love de Led Zeppelin en inglés inventado y con look robado del Get Back de The Beatles.

LINCES POP EN LOS AÑOS SESENTA
LINCES POP EN LOS AÑOS SESENTA

Fueron los últimos latidos de un grupo cuyos integrantes necesitaba autorización de los padres para poder actuar. Cuando ya cumplieron los 21 (la mayoría de edad de entonces), los quehaceres de la vida adulta disolvieron aquel sueño juvenil. El mismo que se acaba de resucitar ahora. 

REBUSCANDO EN EL PASADO    

El ajetreo de los años yeyé gallegos ha despertado el interés de muchos estudiosos que creen necesario documentar ese momento. En el 2008 Fernando Ferreira editó Crónicas del Vigo Ye ye, honrando a formaciones como Los Zuecos, Los Vampiros o los Diávolos.  Por su parte, el músico Carlos Rego hizo en la web SonicWave Magazine una retrospectiva sobre el llamado burgas beat, que engloba a las bandas ourensanas  de la época como Los Murciélagos, Los Ben Posta o Los Dráculas. Y en estos momentos Alfonso Espino prepara una tesis doctoral sobre el mismo período en Compostela. 

A todo ello hay que sumar la labor divulgadora del ferrolano Fernando F. Rego y el coruñés Nonito Pereira con los grupos de aquel período en sus respectivas ciudades.

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