¡Qué tarde la de aquel día!

La entrada fue regular; el sonido desastroso; el escenario, minimalista; el show duró menos de una hora; las críticas, despiadadas, pero, 50 años después, la llegada de los Beatles a España sigue siendo un hito


«Recuerdo la plaza de toros con una entrada muy triste. Como si todo fuera en blanco y negro. Yo estaba en la fila 14. Recuerdo también que en algún momento se estropeó uno de los micrófonos y que Paul tuvo que cantar por el de John. También que a mi lado tenía lo que entonces creía que era una señora mayor y que probablemente no tendría más que treinta y pico años. Tenía unos prismáticos y me los prestaba de vez en cuando». Antón Seoane, uno de los músicos fundadores de Milladoiro, rescata algunas de las imágenes que se le quedaron grabadas a sus quince años, después de porfiar en su casa y conseguir que le dejaran viajar a Madrid para ver a sus adorados Beatles. Él fue uno de los pocos gallegos que hoy puede presumir de haber vivido aquel momento histórico, aunque pocos imaginaban entonces la relevancia que iría adquiriendo con el paso de los años. 

Nonito Pereira, el crítico musical coruñés, también fue testigo de aquella tarde: «Habíamos pergeñado entre unos cuantos colarnos en la plaza de toros y fuimos hasta allí en autobús con esa intención. Pero cuando llegamos, había tanta policía que desistimos». Pereira, sin embargo, se rascó el bolsillo y se sacó una entrada: «Eran carísimas», confirma. No recuerda el precio aunque las crónicas hablan de un abanico que iba de las 75 a las 450 pesetas, un pastizal para los tiempos que corrían. «El sonido era malísimo  aunque tenían unos amplificadores Vox que me dejaron flipado». Para Nonito, que entonces era un joven de 22 años «el concierto no colmó mis expectativas. Pensaba que iban a ser mejores». Pero, como explica Antón Seoane: «Oíamos y veíamos más allá de lo que estaba sucediendo».

Por no saber inglés

Mientras estos dos gallegos ocupaban sus sillas en el coso taurino de Las Ventas, Ignacio Martín, un miembro de Los Pekenikes, que fue una de las atracciones que precedieron la actuación de los Fab Four, se preparaba para tocar. «Recuerdo que los Beatles llegaron y los metieron en la enfermería. A nosotros nos dijeron que si queríamos ir a verlos. Otros dos compañeros sí fueron. Yo no, porque no hablaba inglés». Seguro que Ignacio aún se arrepiente. A cambio, algunas horas después, cuando ellos bajaban del escenario y se cruzaron con los Beatles en las escaleras de acceso, Paul le dijo en inglés: «Mira, un niño con barba». «Era el más cachondo», recuerda Ignacio que, efectivamente, cultivaba ya entonces una barba nada común entre los músicos de la época: «Curiosamente, los cuatro se la dejarían unos años después. No porque me la vieran a mí, claro». 

Tanto Pereira como Seoane o el propio Ignacio Martín, coinciden en un recuerdo: el sonido era tan defectuoso que llegó un momento en que apenas se oía al grupo, cuya música quedaba apagada por las voces y los gritos del público: «Desde luego, de los Beatles, los directos nunca fueron lo mejor», afirma Nonito Pereira. «Cualquier seguidor de los Beatles que los haya visto en directo dirá que son muy buenos, pero también que para escucharlos prefiere los discos», concluye Seoane. El concierto de los Beatles apenas alcanzó los tres cuartos de hora. Todo lo demás habían sido actuaciones previas conducidas por un maestro de ceremonias tan fuera de lugar como Torrebruno, lo cual da una idea del nivel del show bussines patrio de la época

Las crónicas de aquel concierto en Madrid, desde luego, no fueron nada amables con los chavales de Liverpool: «Fue un espectáculo de histerismo colectivo donde doce mil personas chillaban y gesticulaban a la vez cuando los famosos escarabajos ?vestidos pulcramente de negro de la cabeza a los pies? hacían sonar sus guitarras eléctricas de forma terrible. Sus sonidos ?como lamentos? fueron coreados una y otra vez con un griterío ensordecedor», publicaba La Voz del sábado 3 de julio de 1965 en una crónica firmada por la agencia Cifra.

Pero aunque no le cayeran bien al rancio establishment de la época, no hay duda de que la presencia de los Beatles en España se convirtió en todo un acontecimiento. Los periódicos glosaban la todavía breve trayectoria del grupo y los episodios de furor de las fans, que aún eran una excentricidad en aquella España que empezaba a apuntarse a lo que se llamaría desarrollismo. «De lo que me acuerdo perfectamente ?relata Nonito Pereira? es de que había más gente fuera que dentro y de que todo el ambiente estaba en las gradas». Ignacio Martín, de los Pekenikes, subraya que en aquel concierto había bastantes extranjeros: «Muchos eran hijos de los soldados americanos que estaban en la base de Torrejón. Hay que pensar que en aquellos tiempos lo que escuchaba la gente eran Los cinco latinos, el Dúo Dinámico, Renato Carosone o Antonio Molina». Martín recuerda una de las críticas que salieron al día siguiente, firmada por Jesús Hermida: «Entre otras cosas decía que no tenían ningún futuro. Diez años después de aquel concierto admitió que lamentaba profundamente aquella crítica».

Escasa repercusión

Nonito Pereira, que había gastado su resto en la entrada de los Beatles, tuvo que buscarse la vida para volver a casa aquel verano ?«Me cogieron en el hotel Emperador, donde paraban muchos gallegos y me trajeron directo a A Coruña»?, sin tener la sensación de haber visto algo histórico. Antón  Seoane, regresó en tren. «Años después, en una visita a Londres, me los encontré por la calle cuando acudían al estreno de Yellow Submarine. Sin embargo, no puedo decir que aquello me marcara. Fue mucho más importante por ejemplo ver a Traffic y a Jimmy Hendrix en 1968 en el concierto de la isla de Wight».

En cualquier caso, el próximo día 2, cuando se cumplan los cincuenta años exactos, Los Beatles volverán a salir al escenario de Las Ventas. No serán los auténticos Beatles, claro. Pero se parecen mucho. Cuatro clónicos del cuarteto de Liverpool que serán precedidos por los Pekenikes que, en este caso, sí serán casi los mismos que actuaron aquella tarde inolvidable en Las Ventas. Sera un baño de nostalgia para conmemorar el día que España abandonó su triste estampa de aislamiento para abrirse por un momento al futuro.

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