Así titulaba «Cambio 16» una de sus portadas, pocos meses después de la muerte de Franco. El ambiente en la calle estaba caldeado, y no solo por la apertura política: hasta el recién fallecido vicente aranda ponía su granito de arena
31 may 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Y es que el aclamado cineasta, que en sus últimos años se ganó a pulso la fama de viejo gruñón y viejo verde, y en cuya filmografía figuran títulos de culto como Amantes, La pasión turca, Tiempo de Silencio o El Lute, tiene también en su currículo una de las películas míticas en el historial del cine de destape en España. Clara es el precio (1975), con Amparo Muñoz como máximo reclamo y el coprotagonismo de dos rostros imprescindibles en la gran pantalla de la época, Juan Luis Galiardo y Máximo Valverde. Un argumento (mujer con doble vida que, pese a todo preserva su virginidad) nada original como excusa a una de las primeras excursiones de Aranda hacia ese cruce de caminos en el que, como él mismo aseguraba en una entrevista de madurez, hasta entonces «la cámara giraba hacia una cortina y los espectadores tenían que imaginarse el resto: yo fui por el otro lado». Aún quedaban dos años para que Adolfo Suárez aprobase las películas S (el primer filme con esta calificación fue Una loca extravagancia sexy, de Ricard Reguant) y casi diez años para que se diesen las primeras licencias de salas X (tres décadas después en todo el país solo quedan tres locales de estas características, tras el reciente cierre del Duque de Alba de Madrid), mientras que las primeras revistas porno light comenzaban a asomarse a los quioscos, así que era este cine subidito de tono (comparado con el visto hasta entonces) el que caldeaba ese ambiente al que se refería en su portada Cambio 16. De hecho, por esas fechas María José Cantudo hacía el primer desnudo integral en La Trastienda, que tuvo 2,6 millones de espectadores en los cines: a Fernando Esteso y a Andrés Pajares les quedaba por delante una fructífera carrera cinematrográfica y a los productores un buen negocio, con pocos gastos y mucho ingreso: Las eróticas vacaciones de Stella, ya con clasificación S, fue la sexta película más taquillera de 1978 con 372,6 mil euros y Sueca bisexual necesita semental se convirtió en una de las producciones españolas de mayor éxito internacional. El país que viajaba en masa a Perpignan para ver un poco de carne en la gran pantalla se convertía de pronto en un exportador del género: «Lo verde empieza en los pirineos», tituló el sagaz Pedro Lazaga. Un género que, con los años, se contempla como una etapa alegre y desinhibida de un país tras muchos años de represión y que, sin embargo, olvida en ocasiones que detrás de la cámara se escondían historias amargas y vidas marcadas por la mentalidad de una época que solo había cambiado en su epidermis. Actrices como la propia Amparo Muñoz, que pasó del Miss Universo a las sábanas de satén del plató («siempre le he tenido respeto a todo el mundo, a todo dios, cosa que no han hecho conmigo», dijo poco antes de su muerte con 56 años), María José Cantudo, Nadiuska, Susana Estrada o Barbara Rey son ejemplos de biografías a quienes los años han tratado bastante mal y que comenzaron a sufrir sus primeros traspiés al tiempo que rodaban aquellas películas picaronas. En Los años desnudos: Calificada S, (2008) los directores Dunia Ayaso y Félix Sabroso intentan retratar la trastienda de aquel cine erótico que con la llegada de las salas X se iría muriendo hasta quedarse en el recuerdo borroso de una época, igual que le sucedió a las protagonistas de aquellas películas, enredadas con los años en toda clase de historias de terror muy alejadas de aquellos guiones de enredo y picante que sugerían títulos como Con las bragas en la mano.. Las drogas, el abuso de poder de algunos personajes que movían los hilos y la doble moral de una sociedad que, en la vida real, marginaba sin sutileza a las actrices eróticas son algunos de los asuntos que trata este filme en el que, curiosamente, no hay desnudos. Solo el de la realidad.