Gaita y queimada en Portobello Road

EXTRA VOZ

Rita Alvarez Tudela

La generación de los gallegos que llegaron a Londres en los sesenta y en los setenta tienen su espacio vital en esta calle. Allí están los principales bares, el mítico restaurante Galicia y hasta el Instituto Español Vicente Cañada Blanch, donde han estudiado sus hijos y sus nietos. Algo más al norte, el Centro Gallego.

18 mar 2015 . Actualizado a las 10:17 h.

Tres generaciones de gallegos en una fiesta: los que emigraron en los años sesenta y setenta, impolutos en sus trajes y vestidos de gala; sus hijos, la promoción del vaquero, a medio camino entre Londres y Galicia, y sus nietos, que ya son ingleses de pura cepa. Las dos primeras tiran aún de las tradiciones para aferrarse a la tierra: cocido, orejas, filloas, queimada y hasta la música del gaiteiro David Carril, galician bagpiper, como dice su tarjeta de visita.

Las costumbres no cambian; los tiempos, sí: sobre las mesas, el iPhone, el Samsung Galaxy y las videocámaras de última generación se abren hueco entre cachuchas y chorizos. La generación del traje y la corbata, amalgamada en torno al Centro Gallego, es la que pone las pilas al colectivo y organiza cada año una multitudinaria fiesta de carnaval a la que acuden incluso lejanos parientes de la comunidad. El pasado 22 de marzo había varios cientos de gallegos en el comedor del Instituto Español Vicente Cañada Blanch, en Portobello Road.

Las décadas van cayendo, pero el acervo permanece intacto al socaire de la morriña, y mientras el maestro de ceremonias agita el fuego aguardentoso y recita con arte el «mouchos, coruxas, sapos e bruxas», los más jóvenes le cogen el aire a la muiñeira en la pista de baile.

Hay un abismo entre los emigrantes de los años sesenta y setenta y los chavales que, con el título de ingeniero o de arquitecto en la mano, se entregan hoy a la aventura del piso compartido y del sueldo de camarero en Oxford Street. La clave está en la formación. Ahora, Galicia prescinde de los mejores, de los más preparados.

Los veteranos lo saben, pero valoran también la humildad y sencillez con que arribaron en su día. «Sin tener escuela llegué adonde llegué y estoy muy orgulloso. Vine casi sin saber escribir, y mira... Todo salió de nuestro sudor», proclama José Casal, que saca pecho cuando habla de la casa que se ha hecho construir en su Melide natal, «una de las mejores». Otra idea más poderosa va dinamitando obstáculos en su mente hasta formularse: «Mis hijos no querían seguir con el restaurante [La Rueda]. Gracias a Dios, hoy tienen mejor trabajo, son universitarios».

A las ocho de la tarde, el comedor sigue a tope y las camareras se embocan por un caos de sillas y piernas para acercar filloas y cafés a las mesas. Retrepado en una silla, José Boan, de Ferreira de Pantón, repasa los años en que Adolfo Suárez acudía a su restaurante, La Gitana, «para comprar tabaco negro de estraperlo. Le daban nuestras señas en la embajada, que sabía que lo teníamos». También Luis Suárez, «cuando era seleccionador español», visitaba con frecuencia el local al que acudieron «Paco de Lucía o Felipe Campuzano».

La mujer de Boan, Georgina Sobrado (Lalín), envuelve la fiesta en una mirada de entusiasmo antes de soltarse a hablar. Nos cuenta que, «por fortuna», les ha ido bien desde que llegaron en 1968. Hoy tienen pisos «en varios puntos de España»; tres de ellos, «en Lalín», adonde viajan «como catorce veces al año».

Su marido la interrumpe para dejar constancia de un hito: «La gente no lo sabe, pero hace 28 años fleté un avión desde Galicia en el que vinieron cientos de personas para honrar a Pucho Boedo, el único artista gallego homenajeado en Londres».

Sobre el escenario, con gran despilfarro de decibelios, la cantante Maribel repasa con éxito el repertorio completo de bodas y festejos, que abuelos y nietos bailan juntos. Con ella ha venido desde A Coruña, exclusivamente para la fiesta, su marido, José Rey. «Es que tengo aquí a mi hermano mayor, a mi cuñada, a los sobrinos, a los hijos de estos... No podía faltar». Al acabar la fiesta cogerá de nuevo el avión después de despedirse de su familia londinense... hasta el próximo carnaval.