Beatriz Varela, presidenta de las empresarias gallegas, conoce de primera mano los problemas de las mujeres para incorporarse al mercado laboral, haciéndose un hueco como emprendedoras. Sabe que ellas lo tienen más difícil que ellos, también a la hora de conseguir financiación para poner en marcha iniciativas con sello femenino.
08 mar 2015 . Actualizado a las 05:00 h.
A la presidenta de las empresarias gallegas no le resulta fácil olvidar lo que le ocurrió a dos emprendedoras que buscaron apoyo en su organización hace un año. Ambas solicitaron un crédito a un banco, cuyo nombre no quiso desvelar, para poner en marcha una iniciativa de autoempleo. La entidad fue dándoles largas y más largas. «Los problemas se acabaron cuando se presentaron en el banco con sus maridos. Entonces desaparecieron todas las trabas y consiguieron el dinero». Beatriz Varela considera que en pleno siglo XXI estos comportamientos no son de recibo y menos cuando está comprobado que, a la hora de crear una empresa, las mujeres son mucho más precavidas y menos impulsivas que los varones. «Eso ?insiste? no se tiene en cuenta a la hora de conceder la financiación para poner en marcha proyectos con sello femenino». ¿Conciliación? Varela insiste en que muy pocas empresas tienen un plan que permita a sus empleados y directivos poder elegir el tipo de jornada que mejor se adapta a sus responsabilidades familiares, cuando debería ser algo habitual.
La presidenta de las empresarias de Galicia asegura que muchas mujeres para llegar a cruzar el techo de cristal y desempeñar puestos de responsabilidad se ven obligadas a sacrificar la maternidad. «Son conscientes ?asegura? de que en el momento en el que tengan un hijo, de forma velada no les van a ofrecer la oportunidad de seguir escalando».
Varela Regueira es consciente de que les queda camino por recorrer a las mujeres trabajadoras, también a las empresarias, la mayoría de ellas autónomas. «No habrá igualdad laboral mientras la responsabilidad de la familia no se comparta y el peso recaiga sobre la mujer. Hay casos, pero de momento no son suficientes». «Yo puedo estar dónde estoy porque soy viuda y mis hijos ya son mayores».
PAULA LEMA, ÁRBITRA DE BALONCESTO
«La mentalidad de la gente está cambiando»
Las deportistas de élite ejemplifican el lastre con el que carga una mujer al equiparar su nivel salarial y de reconocimiento social a los de sus colegas masculinos. Paula Lema Parga (A Coruña, 1985), sin embargo, ha sabido manejar tal situación y concluye: «Nunca he tenido ninguna diferencia de trato. Es más, en algunas de las profesiones considero que me ha beneficiado, como de camarera y en el arbitraje, donde la Federación trabaja duro para lograr la igualdad». «Siempre me han respetado en el arbitraje, y aunque a veces escucho comentarios sexistas desde el público, se deben más al hecho de ser la árbitra que a ser mujer. He tenido suerte, el baloncesto no es como el fútbol. En el deporte de alto rendimiento creo que tienen más oportunidades los chicos. Enfermería puede que sea vista como más femenina», analiza. «La mentalidad de la gente está cambiando y confío en que se valore más al trabajador por sus cualidades que por el sexo», finaliza.
A ellas a veces les dicen que si por ser mujer lo tienen más fácil: «Creo que lo tenemos igual que nuestros compañeros». Paula jugó en Calasancias y Maristas y terminó en el arbitraje después de un problema de rodilla. Compaginó este trabajo con la hostelería «porque del arbitraje no se vive y había que sacar tiempo de no dormir»
MARISA LÓPEZ CASERO, COORDINADORA PROVINCIAL DE CRUZ ROJA EN OURENSE
«El trabajo de la mujer muchas veces se considera secundario dentro de la pareja o la familia»
Desde su puesto en la Cruz Roja, Marisa López considera que algo falla cuando todos admitimos que somos iguales pero los jóvenes asumen que los trabajos de casa los hace mejor la mujer. Cree también que el trabajo femenino fuera de casa se considera, en muchas familias y parejas, secundario.