El lado oscuro del príncipe Carlos

Un documental censurado por la familia real se emitió esta semana en la bbc descubriendo a un Carlos de Inglaterra calculador, que expuso a sus hijos para lavar su propia imagen tras la muerte de Lady Di


Rita Álvarez Tudela

La polémica se desató en Londres con un documental titulado Reinventing the Royals. Presuntamente censurado y estancado desde diciembre por problemas con permisos de las imágenes que utiliza, aunque muchos medios británicos apuntaban a la propia Familia Real británica intentando parar la emisión por miedo a que su imagen saliese muy mal parada. 

 Finalmente el documental fue emitido esta semana y claramente el que se lleva la peor parte es el príncipe Carlos de Inglaterra, quien de la mano de Mark Bolland como secretario privado, parece que tuvo el único objetivo mejorar su popularidad y su fama de mal padre durante las últimas dos décadas. El precio a pagar fue muy alto, pues no solo sacrificó a sus hijos para conseguir el beneficio personal, sino también a otros miembros de su familia. 

El caso más significativo se remonta al 2002, cuando los medios sacaron las imágenes de Carlos de Inglaterra llevando a su hijo pequeño, Harry, a un centro de desintoxicación de drogas para que conociese de primera mano los efectos de los excesos al ingerir estas sustancias ilegales. Hasta ahí se mostraba a un padre ejemplar, si bien a los pocos días al hijo travieso le picaba la curiosidad y terminaba fumando cannabis.

Nada más lejos de la realidad, el orden de los eventos fue al revés, pero la campaña consensuada por Bolland alteró los factores para conseguir el producto perfecto, el triunfo de la Operación señora PB, haciendo referencia a las iniciales del apellido de Camilla, Parker-Bowles, para hacer más atractiva la fama de la pareja tras la muerte de Diana de Gales en París en agosto de 1997.

Gracias a la calculad y meticulosa campaña de Bolland, se estima que el índice de popularidad de Carlos de Inglaterra, que de llegar a heredar el trono de su madre pasaría a ser el Rey Carlos III, aumentó hasta un 20 por ciento después de la muerte de Diana.

El documental se remonta a ese fatídico accidente, cuando la princesa más querida por los británicos falleció en un macabro siniestro de coche en París, mientras la perseguían paparazis en motos que intentaban hacerle fotos con Dodi Al-Fayed. Su muerte marcó un antes y un después en la relación de la Familia Real inglesa con la prensa británica.

«Nada te puede preparar para saber cómo es trabajar para la Familia Real inglesa», dice uno de los periodistas entrevistados en el documental, mientras que otro recuerda que si los medios no estuviesen interesados en la Familia Real, esta «tendría problemas muy serios».

El documental presenta a un Carlos de Inglaterra que a mediados de los 90 no sabía nada sobre las relaciones con los medios y donde el resto de miembros veían a la prensa como «una bestia inmanejable», que trataba de ir a cada aspecto de sus vidas.

En el documental también presentan a la generación más joven de la Familia Real como mejores conocedores de las formas de lidiar con la prensa, si bien dejan claro que muchos miembros durante años «se sentarían antes a comer con el diablo que hablar con la prensa». La clave, según explica otro entrevistado, es que los medios «cada vez quieren más, más y más. Y ellos no están preparados para dar, dar y dar», mientras que otro apunta a que aunque el príncipe Guillermo parezca relajado, también es «un personaje que muy controlador».

El documental de la BBC subraya que el interés por la familia real aumenta con el morbo por saber quién será en el futuro el sucesor de la Reina Isabel II, que en la actualidad a sus 88 años es la monarca reinante más longeva del mundo, por lo que la relación de la monarquía y los medios nunca antes ha sido tan importante.

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