«La felicidad debe ser algo parecido a esto»

EXTRA VOZ

Oscar Vázquez

Hace un mes que Rosa Fernández cogió en brazos a su bebé por vez primera. «Hola, Tiago, bienvenido al mundo», susurró mientras lo arrullaba. Atrás quedaban años de sufrimiento y una fecundación «in vitro» que la ha convertido en madre a los 42. Para ella, como para tantos padres tardíos, cambiar pañales es «lo de menos»

02 abr 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Rosa tenía muy claro lo duro que sería criar un bebé; asearlo dormir poco... «Pero es un deber, no un sacrificio, y se hace con gusto. De hecho, la felicidad debe ser algo parecido a esto», dice. En cambio, no contaba con las sensaciones, «con los sentimientos a flor de piel. De eso no tienes ni idea hasta que eres madre. El primer día -relata con voz queda mientras mece a su pequeño en el regazo-, Tiago se quejaba cuando lo bañaban y yo lloraba como una magdalena». El vínculo entre una madre y su hijo es «impresionante», pero además, «ahora implica una responsabilidad que con 20 años no sientes».

No todos los gallegos que tienen hijos más allá de los 40 han llegado a la paternidad gracias a la fecundación in vitro (FIV). También la naturaleza regala biberones «aunque la fertilidad de la mujer caiga en picado a los 40 y en muchos casos ya no haya posibilidades razonables de éxito», puntualiza Domingo Vázquez Lodeiro, responsable de la Unidade de FIV del Chuvi. De una manera u otra, los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) perfilan bien este fenómeno de nuestro tiempo, la crianza tardía: la edad media de la maternidad en Galicia ha subido cinco años en tres décadas, pasando de 27,3 en 1983 a 32,3 en el 2013.

No hay duda. Los padres son cada vez más mayores, condición que asumen en general como una ventaja. Nacho Gómez Torres (A Coruña, 42 años) y su mujer, Laura, tuvieron a Inés hace 8 años y ahora mecen por las noches la cuna de Bruno, que tiene seis meses y que fue concebido de forma natural. «Con Bruno tenemos otra estabilidad y además vemos lo que hicimos mal con la cría, que lloraba porque tenía sueño y, en cambio, le dábamos de comer», asume. Fueron a por el segundo «para que Inés nunca estuviese sola, porque un hermano es un vínculo indestructible». Bueno, «y porque los papás -admite- andamos ahora con la crisis de la mediana edad, esa sensación de que nos hacemos mayores y se nos va la vida. La gente se está volviendo loca con los maratones y los triatlones».

«Odio esa frase de que se te pasa el arroz -protesta Rosa Fernández-, es como si ya no fueses útil. ¿Cómo puedes decirle a una mujer que no sea madre a cierta edad? Déjame serlo cuando yo quiera». Rosa lo fue cuando ya había tirado la toalla después de una durísima prueba de esfuerzo.

Su meta era tener a su hijo a los 30, «pero aquella era una idea romántica que fue desapareciendo a favor de la estabilidad económica, de un contrato laboral». Una endometriosis frustró sus planes a los 35. Después, la operación, una recuperación larga... Cuando se sintió con fuerzas hizo tres intentos de FIV en el Chuvi con sus óvulos. El primero no fue adelante, el segundo acabó en aborto. «Tenía 41 años cuando arrojé la toalla después de una experiencia dura y traumática -resume-. Fueron mi pareja y Domingo Vázquez, del Xeral, los que me sacaron adelante. Les estaré eternamente agradecida. En el último intento le dije a la enfermera que ni me llamase para darme los resultados». Pero sonó el teléfono y su vida se enhebró de nuevo con un «maravilloso embarazo».

«Al nacer Tiago no acababa de creerme que esa personita pudiese estar dentro de mí -relata mientras suelta en sus mejillas un raudal de besos-. Sentí deseos de protegerlo, de que nunca pudiera pasarle algo malo. Y le di la bienvenida. ¡Cómo se abrazaba a mí para mamar...! Es una sensación inexplicable..., el formidable espectáculo de la naturaleza. ¡Ojalá muchas mujeres se animen a ser madres!».

En la edad límite

El caso de Rosa es excepcional, explica Domingo Vázquez: «Quedaba una oportunidad y la utilizamos a pesar de que ella pasaba ya de los 40 años, la edad límite en el Sergas». En otras comunidades «baja incluso hasta 38». Pero más allá de sus posibles problemas para concebir, la mujer vive en la sociedad actual presionada «por dos corrientes contradictorias. Socialmente es joven a los 40, aunque biológicamente ya no cría, y esto la confunde mucho y no hay cirugía plástica que lo solucione». Es decir, que edad biológica y sociológica no coinciden. Tampoco para los papás cuarentones es todo miel sobre hojuelas. Nacho Gómez no tenía lumbago. Ahora sí. «De andar cargando con Bruno, que está hecho un toro, y de hacer deporte sin calentar» por falta de tiempo. A los 42 «ya no tienes la energía de antes» y dormir poco «te afecta más», concede. Las clínicas privadas son la opción para una FIV o una donación de óvulos después de los 40, pero también hay límites. «La mayoría no hacemos tratamientos por encima de 50, siguiendo la recomendación de la Asociación Nacional de Clínicas de Reproducción Asistida, aunque existen excepciones», precisa José Codesido, responsable de la Unidad de Reproducción Asistida de La Rosaleda (Santiago).

La mayoría de las pacientes que llegan a La Rosaleda tienen entre 35 y 40. De ahí en adelante representan el 32 % del total. Hoy es muy habitual el perfil de la mujer que da a luz hasta los 45 «porque cada vez se llega a la maternidad más tarde, aunque también, lógicamente, con más problemas», añade Codesido. Madres a los 50 hay una media de cuatro por año en Galicia en el último lustro. Sin embargo, de 42 hubo 283 solo en el 2013.

Pero la gran pregunta es por qué. ¿Cuáles son las razones que impulsan a las gallegas a retrasar la maternidad a razón de año y media por década? Los argumentos de los padres están claros: la crisis, la imposibilidad de lograr una estabilidad laboral antes de los 35... Pero los profesionales no suelen estar de acuerdo con ese planteamiento. «La verdad es que hoy tenemos hijos cuando más nos conviene, porque antes queremos la hipoteca, el apartamento en la playa y otras comodidades», reflexiona Elkin Muñoz, director en Vigo del Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI). «Sé de familias que no van a por el segundo por no sacar al primero de colegio de pago o por no dejar de viajar. Y esto antes era impensable. ¿No se viajaba? Pues no se viajaba. Pero buscábamos una felicidad de puertas adentro que ahora es exterior, y si el niño no sabe esquiar, es el rarito del grupo».

Pero Muñoz va más allá cuando intuye tras este planteamiento un sesgo maquiavélico que vincula la incorporación laboral de la mujer a un estatus autoimpuesto que privilegia las clases de violín y las fiestas de cumpleaños de los niños. «No es justo culpabilizarla por querer ser profesional cuando tiene todo el derecho -argumenta indignado-. Hay una segunda parte que los médicos escuchamos a menudo y que es clave: 'Yo quería un hijo, pero a él no le venía bien'». 

En cuanto a las consecuencias del creciente retraso de la maternidad, Muñoz esboza esta precisa cronología de la FIV: Entre 40 y 42 años hay posibilidades aceptables de éxito con óvulos propios; entre 42 y 44, más bajas, y a partir de los 45 es 7 veces más frecuente la donación de ovocitos. Por encima de esa barrera, el embarazo implica también riesgos adicionales, fundamentalmente «tensión arterial elevada y diabetes gestacional». 

Conselleira sin horario

El trabajo de conselleira no tiene horario. El de madre, tampoco. Ethel Vázquez (Ponteceso, 42 años), titular de la cartera de Medio Ambiente, Territorio e Infraestructuras, lo es a tiempo completo: «O bebé, como case tódolos peques, non é moi durmiñón. Cada pouco hai que darlle o biberón, así que descansar dúas horas seguidas é misión imposible. Resulta esgotador, pero o asumo contenta porque a experiencia é marabillosa». 

En su caso fue la naturaleza, que no la ciencia, la que le permitió concebir a la pequeña Ethel, de apenas un par de meses, y criarla desde la templanza unánime de la madurez, lo que considera una gran ventaja. «Foi un embarazo natural, felicísimo. Xa tiña dous nenos de 7 e 4 anos, Manuel e Jorge, e para a nena só se me ocorreu poñerlle o meu nome. Espero que lle guste, porque non é habitual», ríe. 

La conselleira introduce otra de las claves de la maternidad tardía, la familia: «Co dos horarios teño a sorte de contar co apoio incondicional da miña familia, á que aproveito para darlle as grazas. Os meus sogros, China e Manolo; o meu marido, Jorge, a miña nai... Incluso aos fillos, que xa lles podes pedir que che pasen o biberón. A min tócame máis estar fóra da casa polo meu traballo, e se non é por eles...».

Ethel Vázquez reivindica el papel de la mujer trabajadora, pues la maternidad, dice, hay que afrontarla «como algo normal, non como un problema». Defiende que se puede «traballar e ter fillos» y que su caso «é a demostración». Es cierto «que a conciliación supón todo un desafío, pero na Administración temos avanzado moito coas axudas públicas, as garderías; implantamos a flexibilidade de horarios, o teletraballo, e confío en que as empresas privadas sigan tamén esa liña». Aunque esta visión va por barrios. A la coruxana Rosa Fernández le da «miedo» la sensación «de abandono», dejar solo a su bebé tras la baja maternal siendo aún «tan pequeño».

Tampoco se extiende entre los gallegos una fe incondicional en el sector privado. Para Ángel Durán, ginecólogo del Grupo Ron en el Hospital Quirón de A Coruña, «existe una presión terrible de las empresas hacia las mujeres en cuestiones de maternidad», comenta en relación con el ofrecimiento de Facebook y Apple para que sus trabajadoras se congelen los óvulos y dejen el paritorio para más adelante. A lo que apostilla José Codesido: «¿Quién les garantiza que podrán ser madres después?». 

Durán, responsable de Reproducción Asistida en la clínica coruñesa, define una nueva clientela que se está abriendo camino con decisión en el universo de la donación de óvulos: las segundas y terceras parejas. «Ahora nos encontramos con muchas personas de ese perfil -sostiene-, hasta el punto de que a veces ya conozco al marido porque venía con su primera mujer». En estos casos, la ayuda de la ciencia suele ser ineludible, pues «el fallo ovárico va a toda velocidad desde los 35». 

Casi 40.000 euros

El propio ginecólogo se sorprende de las posibilidades que está alcanzando la tecnología. «A veces estamos jugando a ser dioses -admite-, hacemos cosas que la naturaleza no hace y te preguntas quién eres tú para meterte». Moralmente también es «complicado» justificar la maternidad «a los 49 o a los 50, porque ¿quién va a jugar con esos niños en unos años? Yo con los míos andaba tirado por el suelo». Pero en muchas ocasiones la paternidad no es una cuestión moral, sino física: la lucha de los padres contra la naturaleza, la imposibilidad de procrear sin asistencia. Isabel Nieto (Melide, 42 años) y José Ramos (Lalín, 48) son dos gladiadores de la infertilidad que durante años libraron bizarramente una «durísima» batalla psicológica contra la frustración. En ella inhumaron casi 40.000 euros, que se fueron en operaciones, tratamientos para una extraña tuberculosis de trompas y varios ciclos reproductivos, pero vencieron hace un año, cuando vino al mundo su pequeña. 

Se llama Iria, lleva el nombre de una ginecóloga del IVI vigués y es pura fotogenia. Todo ojos, todo sonrisa, saluda eufórica con la mano y se lanza a los brazos de su madre mientras atalaya desde lo alto el mando de la tele, un juguete imbatible, como bien saben todos los padres del mundo.

«Pasámolo fatal e temos perdida unha xeración, pero á vista deste resultado marabilloso -se solaza con el espectáculo de su hija-, o recomendo moitísimo. Valeu a pena», sentencia Isabel mientras juega con la niña en el colo y recuerda con pavor el último mordisco del destino, cuando le avisaron de que el embarazo, ya de 5 meses, parecía inviable. «Vinme abaixo de todo», recuerda muy emocionada. 

Su marido pensó en arrojar la toalla antes que ella: «Doíame vela sufrir». Ahora es el hombre más feliz del mundo, y sus 48 años no truncan esa dicha: «Home, prefería ter a filla con 30, pero non é para esixir». Y echa mano de la retranca para redondear su argumento: «Igual tamén se leva ben comigo, ¿non?». Eso sí, la edad implica inevitablemente ciertas limitaciones: «Opereime das costas hai 20 días, así que agochado non podo estar». Cuatro años de dolor y la amenaza de una hernia dieron con sus huesos en el quirófano, y hasta que se recupere del todo limitan «un pouco» la relación con su hija. A cambio, Iria se beneficia «da tranquilidade e da seguridade dos anos».

Tras una experiencia «frustrante» en la Sanidad pública que se entenebrecen al rememorar, Isabel y José optaron por la vía privada. Su rencor se aquieta en cambio al referirse al personal del IVI vigués: «Fixéronnos sentir como persoas, foron marabillosos. A Seguridade Social ten moito que aprender», sentencia Isabel, que recomienda a las futuras madres «que non esperen moito, que despois as posibilidades son menores». 

Su advertencia está justificada cuando se revisan las estadísticas del INE. Entre el 2008 y el 2013 se han dejado de producir 8.800 partos en Galicia. Por el horizonte asoman además novedades normativas sobre reproducción asistida que, en algunos casos, pueden implicar también restricciones a los nacimientos. 

El pasado 6 de noviembre se publicó en el BOE una orden del Ministerio de Sanidad que establece la cartera de servicios comunes del Sistema Nacional de Salud (incluida la reproducción asistida) y el procedimiento para su actualización por las comunidades autónomas. «Tenemos nueve meses para ponernos al día», confirma desde el Chuvi Domingo Vázquez.

Entre las novedades que introduce la orden destaca la de que una pareja con un hijo sano ya no tendrá derecho a tratamientos de reproducción asistida en la Sanidad pública. «Pero el hecho es que hay pacientes que nos llegan con esterilidades secundarias, quizá porque hubo que quitarles las dos trompas después de dar a luz o por cualquier otra causa», advierte el responsable de la Unidade de Reproducción Asistida del Xeral. 

También se quedarán fuera los casos de esterilidad voluntaria previa; por ejemplo, como consecuencia de una vasectomía, «aunque esta exclusión me parece bastante lógica», apunta el facultativo. Siempre existiría la posibilidad de acudir a las clínicas privadas, asumiendo el coste del servicio, claro. 

Los progenitores que han contado con la ayuda inestimable de la madre naturaleza, como parece lógico, no reparan demasiado en estas cuestiones, grabadas a fuego en los clientes de FIV. El coruñés Nacho Gómez tuvo a su hija hace 8 años, durante unas vacaciones. Lo considera «un fallo maravilloso», la «mejor equivocación» de su vida. Ahora, su pequeño de seis meses, que se llama Bruno, vuelve a dar sentido a su existencia. Nacho tiene claro cuál es el objetivo: «Transmites mejor los valores a los 42, y al final, los niños se educan con lo que reciben en casa».

Oscar Vázquez

Rosa Fernández Dopeso, 42 años, profesora de clarinete

«Hola Thiago, bienvenido al mundo»

Cuando recibió a su pequeño con tan emotivo saludo, la coruñana Rosa no acababa de creerse que «esa personita» estuviese dentro de su vientre. Ser madre le costó años de esfuerzo y ciclos de FIV. Cambiar pañales a los 42 no le molesta en absoluto. Le preocupa mucho más desprenderse del niño tras la baja maternal. Pese a lo mal que lo pasó, anima a las mujeres a superar obstáculos y disfrutar del «formidable espectáculo de la naturaleza».

MARCOS MÍGUEZ

Nacho Gómez Torres, 42 años, responsable de Cafés Siboney

Hasta ahora no había tenido lumbago, «pero vale la pena»

A Nacho le ha tocado poner pañales con 42 años... por segunda vez. Ya lo había hecho a los 35 y, aunque hasta ahora no había tenido lumbago, admite que se siente en la gloria: «Con Bruno tenemos otra estabilidad y además vemos las cosas que hicimos mal con Inés, que lloraba porque tenía sueño y, en cambio, le dábamos de comer».

VÍTOR MEJUTO

Isabel Nieto, de 42 años y en paro, y José Ramos, de 48 y empleado de una empresa

Lo que cuesta a veces tener un bebé

La pequeña Iria es el premio al denodado esfuerzo de sus padres. Durante muchos años lucharon contra la infertilidad y ganaron la batalla cuando ya no podían más y habían invertido casi 40.000 euros en el empeño. Por el camino vieron cómo renunciaban otras chicas, también a tratamiento, pues «no soportaban ter que pincharse», Pese a todo, recomiendan a las mujeres que peleen por su maternidad hasta el final porque «merece a pena intentalo».

SANDRA ALONSO

Ethel Vázquez, 42 años, conselleira

Ni dos horas de sueño seguidas, pero feliz

La conselleira de Medio Ambiente, Territorio e Infraestructuras asegura que una mujer puede compaginar un trabajo sumamente exigente con la crianza de los niños. Eso sí, con la ayuda inestimable de la familia, porque la pequeña Ethel, de apenas dos meses, no da tregua y no le permite dormir ni dos horas por la noche. «A conciliación é todo un desafío, pero na Administración temos avanzado moito coas axudas», resalta.