Así votan todavía los muertos

Agustín Bottinelli

ELECCIONES GENERALES 2008

Los fallos del sistema electoral no se han corregido y se permite el envío de sufragios de emigrantes fallecidos

02 mar 2008 . Actualizado a las 02:25 h.

El voto de los emigrantes sigue teniendo sus agujeros negros. Lo comprobó La Voz en junio del 2005, ante las elecciones municipales, cuando constató cómo se podía emitir desde Buenos Aires el sufragio de una persona muerta sin problema alguno. Se trataba de la papeleta a nombre de Hermesinda Dapia, que remitió su nieta, Patricia Laura Martínez, para la Junta Electoral de Ourense. Lo hizo en una oficina posta bonaerense sin exigencia de ninguna identificación. No contabilizó porque la familiar aprovechó para meter dentro del sobre, vacío, la carta de defunción de su abuela. El hecho lo calificó el Bloque de «arrepiante», y PP y PSOE, aún coincidiendo en minimizarlo, aprovecharon para descalificarse.

Veinte meses después, la historia de Hermesinda tiene una segunda parte. Es la de su marido, nacido en 1912 en San Vicente, en el ayuntamiento ourensano de Verea, y finado el 4 de septiembre del 2005 en Hurlinghan, en la provincia de Buenos Aires. Su hijo Antonio y su nieta Patricia comunicaron de inmediato su fallecimiento al Consulado de España en Argentina. «Tomamos nota y haremos el trámite correspondiente para darlo de baja en el CERA», fue la respuesta que recibieron. Es decir, que se darían los pasos para borrarlo del registro electoral de residentes ausentes. La familia no quería pasar por el trance una segunda vez tras la experiencia con Hermesinda.

Pero fallaron en la previsión. El lunes 25 de febrero el cartero dejó en su domicilio de la calle Coraceros, en Hurlinghan, un sobre amarillo de la autoridad electoral con la etiqueta blanca con su nombre, añadiendo además el concello (Verea) a su nombre por error.