La ciudad colapsó con cientos de rescates, pérdidas comerciales, atascos y preocupación por la seguridad
29 abr 2025 . Actualizado a las 00:13 h.Con una velocidad media de dos kilómetros por hora en las autovías y menos aún en las calles, Madrid colapsó. De una punta a la otra, del Bernabéu a Vallecas, la policía local intentaba poner orden entre los coches, conductores desesperados y prepotentes en una encrucijada de avenidas, que detenía también a la muchedumbre, a la espera del paso. Los semáforos estaban apagados, los silbatos policiales se imponían. Sorprendente, no se escuchaba ningún claxon. Los automovilistas mantenían la calma, también en la M30, en la que podían pasar diez minutos sin que se movieran las filas.
En las primeras cuatro horas, se abrieron 1.679 expedientes en el 112 de la capital, y se atendieron a 462 personas por ansiedad e insuficiencia respiratoria, según datos oficiales. En este centro de atención se encontró la presidenta de la comunidad, Isabel Díaz Ayuso con su gabinete de emergencia. A las siete, con el ocaso, lo que más preocupaba era la seguridad, mantuvo uno de sus consejeros: «La seguridad al caer la noche nos tiene ocupados». Afuera, los bomberos, que atravesaban la ciudad con las sirenas en sus camiones rojos, atendieron a otras tres centenas de atrapados en ascensores.
Madrid se echó a la calle a pie, para recoger a los hijos en los colegios o volver a casa cuando la esperanza de que volviera la luz se perdió. Miles de caminantes ocuparon las aceras en ambos sentidos, invadieron el carril autobús, intentaron mantener el ritmo de un variopinto rebaño. Cuatro hombres de gorra y bota se orillaron de la marea humana, a tomar aliento.
«Hemos caminado bastante, desde la obra hasta aquí. Hora y media», dice el mayor, acostándose en el suelo. Más allá, como si fuera un meandro en un río, Jacinto Martín, conserje previsor de 56 años, mantenía a un grupo atento e informado en plena calle, gracias a un gigantesco radiocasete, puesto en un banco. «Muy antigua, llena de polvo, salí a buscar las pilas. Diez gordas, que me costaron casi 20 euros». Los vecinos se juntan, algunos con una silla plegable. «No estamos preparados para algo así», dijo.
En medio del caos, los andantes preguntan por dónde deben ir para llegar a Torrejón, a Alcalá, a otras ciudades. Pocos saben responder. La masa no se detiene.
Varados en Atocha
Había taxis, había autobuses. Todos atrapados en un atasco interminable, que hizo de las calzadas algo parecido a una oruga gigante. «Estamos aquí, hay personal, pero los autobuses no se mueven», aseguró un conductor de la EMT, y señaló a la esquina de Atocha, donde una decena de transportes de distinta numeración parecían aparcados.
«No hay metro, no hay cercanías, estamos solos». La imagen del atasco se repetía donde se mirara. De este a oeste, de norte a sur. Entre ellos, los taxistas, a los que esperan en las estaciones, de Barajas a Chamartín. Ni uno en la parada.
En la estación de Atocha los pasajeros se acumulaban afuera con sus maletas. Los más afortunados encontraban un trozo despejado para sentarse. Estuvo cerrada varias horas, desalojada y custodiada por la Policía Nacional. «No va a funcionar el día de hoy [por ayer]», dijo uno de ellos. Luego la habilitaron para que pudieran pasar la noche allí los viajeros sin destino.
Afuera con sus tres grandes maletas estaba Meilin Puertas, que tuvo tiempo de llegar a Barajas desde el Caribe, y a Atocha para coger su tren a Sevilla, donde vive. Allí se quedó en la puerta. Sin información, sin dinero en efectivo, sin saber dónde pasar la noche si la situación se prolongaba. «Me quedé sin conexión, solo tengo tarjetas, no tengo nada. Necesito ir al baño, no conozco Madrid». No es una de las 35.000 atrapadas en los trenes, pero es otra forma de estar varada.
La noche se acercaba, y seguían las aglomeraciones de viajeros y vecinos, durante horas en las paradas, en autobuses donde no cabía nadie más. Enfrente, los comercios buscaban a la desesperada la forma de bajar sus rejas, después de un día con «fuertes pérdidas. Estamos en época alta, con Madrid lleno en vísperas del puente, y no atiende el seguro, que debería venir a cerrar. Pero con todo colapsado hemos recurrido a nuestro mantenimiento propio», reclama Chus Hernández, de la tienda de recuerdos Citiland, del paseo del Prado. Los museos, cerrados y los turistas en el césped para un bronceado. En Madrid, el sol no se va con la luz y las terrazas también están llenas, con bebedores de cerveza caliente.
Las Cortes, sin actividad hoy
El Senado y el Congreso decidieron suspender su actividad parlamentaria de este martes por el apagón eléctrico sufrido en toda España. En concreto, estaba prevista la comparecencia del ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, en una comisión de la Cámara Alta para hablar sobre distintos asuntos, aunque finalmente se pospuso el acto. En la Cámara Baja se iba a celebrar reunión de su Mesa y Junta de Portavoces, pero se anuló ante las dificultades para que asistan los diputados tras el apagón.