A Puigdemont no le gusta este plan

Francisco Espiñeira Fandiño
Francisco Espiñeira SIN COBERTURA

ESPAÑA

YVES HERMAN

24 may 2021 . Actualizado a las 22:12 h.

El desamor en el independentismo, valga el chiste fácil, llegó el día de san Valentín. Los flechazos en forma de votos quisieron el 14F que ERC lograra por primera vez aparcar sus derrotas y que los republicanos lideraran el espacio separatista. Pero el relevo no podía ser pacífico. A pesar de secundar durante años con sus escaños a las diferentes marcas de la antigua Convergencia, Pere Aragonès y los suyos han sufrido toda clase de agravios y desplantes durante casi tres meses para llegar al final que parecía cantado desde el principio.

Aragonès, un discreto segundón del preso Oriol Junqueras, hijo de un destacado representante del franquismo en Cataluña que se hizo rico durante la dictadura, conseguirá su sueño de ser presidente y sentarse en el despacho principal de la plaza de San Jaume, pero podría decirse sin riesgo que su mandato será cualquier cosa menos plácido. Su principal enemigo no será el siempre aguerrido Ignacio Garriga. Tampoco el más conciliador Salvador Illa, ganador estéril de los comicios, como Inés Arrimadas en la anterior cita. Mucho menos los casi irrelevantes líderes de Ciudadanos o PP. Tampoco Pedro Sánchez, ansioso por pactar lo que sea para garantizarse el apoyo en Madrid de los 13 diputados de ERC y, si es posible, de los de Junts y hasta la CUP para alargar la legislatura hasta el final. El principal adversario de Aragonès estará cómodamente instalado en Waterloo, viviendo, tanto él como su pareja, de generosos recursos públicos, mientras intenta torpedear la acción de un presidente que no aceptará sus tutelas ni amenazas, directas o a través de las asociaciones subvencionadas del independentismo.

Cataluña, sumida en la parálisis más absoluta desde el 2016, tendrá que padecer ahora las consecuencias del divorcio entre ERC y Junts. Puigdemont ya ha dicho que el actual plan no le gusta, que él, mientras sus antiguos compañeros siguen en la cárcel, lo que prefiere es dirigir las hostilidades desde su sofá de Waterloo, o como mucho desde Perpiñán, para que a prisión vayan otros.