Lo trascendente y lo accesorio


España se desangra en una pandemia que, según el censo, se ha llevado ya a más de 70.000 personas. Las previsiones económicas dicen que la caída del PIB va a ser de tales dimensiones que no se recuerda un socavón igual desde la Guerra Civil. Los ERTE camuflan las cifras del paro que, pese a todos los esfuerzos, recuerdan niveles similares a los de la gran recesión en el 2012 y 2013, con los menores de treinta años y las mujeres como los grandes afectados. Miles de migrantes aguardan su oportunidad de dar el salto a Europa a través de las islas españolas o la costa mediterránea. Las grandes industrias huyen de España y aumentan el páramo laboral de un país cuya principal fuente de recursos es el sol...

La lista de dificultades es infinita, pero la clase política -la misma a la que uno de cada dos ciudadanos considera el principal problema del país- ha decidido amenizar la Navidad con debates que solo afectan a unos pocos mientras a la mayoría nos preocupa el futuro de las próximas generaciones. Resulta que modificar el estatuto de la Zarzuela es lo más importante de lo que tienen que hablar los que nos gobiernan. Algo que, según el CIS, solo le interesa al 0,3 % de los españoles. O de los indultos a quienes vulneraron las leyes para obtener más privilegios.

Mientras, seguimos sin saber cuándo llegarán los fondos europeos y si se repartirán conforme al interés general o a la necesidad de lograr votos en el Congreso.

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