El rebrote de la «kale borroka» complica la escenografía de Bildu


san sebastián / efe

El rebrote de kale borroka en el País Vasco en apoyo al preso de ETA en huelga de hambre Patxi Ruiz ha aflorado las disensiones internas que arrastra la izquierda aberzale desde el fin de la violencia, justo en el momento en el que EH Bildu se lanza al ruedo de la «política real», incluso en Madrid.

En los últimos días, más de una decena de sedes del PNV, el PSE-EE, Podemos e incluso una de Sortu, el partido heredero de Batasuna, sufrieron ataques con pintadas en favor de este recluso, hospitalizado en Murcia tras 10 días en huelga de hambre y sed, una espiral de presión que dio un salto cualitativo con el ataque al domicilio de la secretaria general de los socialistas vascos, Idoia Mendia, y con el sabotaje a un autobús con pasajeros en Azpeitia.

Una dinámica de «presión popular» en palabras de quienes la amparan, el Movimiento por Amnistía y Contra la Represión (ATA), que sitúa a Bildu frente a una fina línea entre la realpolitik y la necesidad de no agraviar a los presos de ETA y sus familias, el ámbito del que se nutre su oposición interna.

El preso en cuestión, condenado a 30 años de prisión por el asesinato del concejal de UPN Tomás Caballero, no es un recluso más. No está integrado en el colectivo de reclusos de ETA «oficial», el EPPK, que ha asumido la vía de EH Bildu hacia el final de la violencia, sino que rompió con la organización y fue expulsado en diciembre del 2017.

Divisiones internas

Este preso siguió los mismos pasos que un puñado de reclusos referentes del Movimiento Pro Amnistía y Contra la Represión (ATA), un movimiento creado en la primavera del 2014, casi tres años después de que ETA anunciara el fin de su actividad terrorista, que mantiene reivindicaciones maximalistas de amnistía para todos los reclusos etarras y rechaza el tratamiento individualizado que acabó aceptando la «izquierda aberzale oficial».

Uno de los impulsores y principal referente de este grupo es Jon Iurrebaso Atutxa, uno de los representantes de ETA en la negociación con el Gobierno de Zapatero entre el 2005 y el 2006. Aquel al que el expresidente del PSE-EE, Jesús Eguiguren, conoció como Robert en sus reuniones en Oslo junto con Juan Antonio Urrutikoetxea, Josu Ternera.

Pero los presos no son el único campo en disputa. En octubre del 2018 Ernai, organización juvenil de Sortu, e Ikasle Aberzaleak, el sindicato estudiantil de la izquierda aberzale, dejaron en suspenso su «alianza estratégica», lo que significó la ruptura con la línea oficial.

Estas tensiones internas explican la tardía reacción de Bildu ante la huelga de hambre de Patxi Ruiz, sobre la que se pronunció con un comunicado remitido a última hora del 19 de mayo, nueve días después del inicio de la huelga, casi a la misma hora en que desconocidos lanzaban pintura y octavillas contra el domicilio de Idoia Mendia.

El día después, EH Bildu sorteaba la condena del ataque a Idoia Mendia, aunque lo «reprobaba», pactaba con el Gobierno en Madrid y recibía el reproche de sus disidentes, que le acusan de intentar «frenar la presión popular» en favor del recluso.

Los ataques continúan y los partidos vascos incrementan la presión para que EH Bildu se muestre más contundente y abandone una posición de tibieza que significa una fuga de agua para la coalición en las vísperas de una confrontación electoral.

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