Madrid / La Voz

La decisión de Joaquim Torra de dar por finiquitada la legislatura y anunciar la convocatoria de elecciones en cuanto se aprueben los Presupuestos es la previsible culminación de la larga lucha por el poder y la hegemonía independentista en Cataluña que libran desde hace años ERC y los sucesores de lo que fue un día Convergència i Unió.

Aunque Carles Puigdemont, que es quien dirige los pasos de Torra, y Oriol Junqueras se hayan presentado como socios y aliados en el procés que puso en marcha Artur Mas en el año 2012, en realidad son enconados rivales políticos que trabajan para destruirse entre sí. El giro independentista de los convergentes ha exacerbado esa disputa en los últimos años, precisamente cuando el desafío secesionista ha tocado techo. 

DUI

155 monedas de plata. La quiebra de confianza entre Puigdemont y Junqueras se inició en los momentos previos a la declaración unilateral de independencia del 27 de octubre del 2017. Un Puigdemont acorralado por la amenaza del 155 estaba dispuesto a convocar elecciones. Pero las presiones de ERC, simbolizadas en el tuit de las 155 monedas de plata de Gabriel Rufián, le forzaron a dar un paso irreversible.  

Fuga en solitario

Puigdemont traiciona a Junqueras. Puigdemont se cobró la venganza y, tras declarar una fantasmal república que duró diez minutos, huyó a Bélgica sin avisar a Junqueras, dejándolo en manos de la Justicia española, que acabó encarcelándolo, mientras él se reivindicaba desde el extranjero como único presidente legítimo de Cataluña.  

Elecciones bajo el 155

JxCat aprovecha la prisión del líder de ERC. En las elecciones convocadas en diciembre del 2017 por Mariano Rajoy tras la aplicación del artículo 155, Junqueras estaba convencido de la victoria de ERC, pero Puigdemont aprovechó la ventaja de poder hacer campaña desde Bruselas mientras Junqueras estaba preso y acabó imponiéndose por 12.000 votos y dos escaños.  

Investidura telemática

Torrent se planta. El siguiente desencuentro se produjo cuando Puigdemont intentó forzar su investidura telemática. El nuevo presidente del Parlamento catalán, Roger Torrent, acabó impidiéndolo, consciente de que la estrategia de JxCat le abocaba a ser condenado por desobediencia como su antecesora, Carme Forcadell. Como resultado, Puigdemont impuso como candidato a Joaquim Torra, cuyo liderazgo nunca acabó de ser reconocido por ERC pese a la formación del Ejecutivo de coalición.  

Municipales

Traiciones mutuas. Las fuertes discrepancias se evidenciaron ya tras las elecciones municipales de mayo del 2019. ERC pactó con otras fuerzas, principalmente con el PSC, en numerosas localidades para hacerse con el poder en territorios donde había ganado JxCat. Y en la Diputación de Barcelona, JxCat pactó con el PSC en lugar de con ERC para evitar que los de Oriol Junqueras se hicieran con el control de un organismo con 1.000 millones de euros de presupuesto y más de 4.000 empleados.  

Giro posibilista de ERC

Sánchez divide al secesionismo. A partir de las elecciones, JxCat y ERC han convivido en el Gobierno catalán, pero con estrategias divergentes respecto al proceso independentista. Junqueras impuso un giro posibilista abandonando la vía unilateral y abriéndose a acuerdos con el PSOE. De ahí nació la abstención de ERC, que permitió la investidura de Sánchez, lo que agravó la distancia con JxCat, que votó en contra al seguir apostando por la ruptura. Puigdemont y Torra vieron en esa maniobra un intento de ERC de desplazarlos del liderazgo independentista con una negociación con Sánchez que se traduciría luego en un Gobierno tripartito entre ERC, PSC y los comunes en Cataluña. 

Inhabilitación

Órdago de Torra. Desde entonces, Torra ha tratado de hacerse con el control de la mesa de negociación pactada entre el PSOE y ERC, exigiendo reunirse previamente a solas con Sánchez. Y, después de ser inhabilitado como diputado por la Junta Electoral Central, forzó a ERC a reafirmarle con un voto de confianza como presidente, al que se sumó también el PSC.  

La ruptura final

ERC deja solo a Torra. La unidad independentista saltó, sin embargo, definitivamente por los aires el pasado lunes cuando Torra, una vez confirmada su inhabilitación por el Tribunal Supremo, quiso forzar la desobediencia de ERC exigiendo que se mantuviera su condición de diputado y se le permitiera votar. Pero de nuevo Torrent se negó a ello advirtiendo de que «pondría en riesgo la seguridad jurídica, la validez y la eficacia de todas decisiones adoptadas en el pleno». Ahí, Torra se vio abandonado y en sus filas se abrió el debate entre apartar a ERC del Gobierno por su «deslealtad», lo que garantizaría que el vicepresidente republicano Pere Aragonès no asumiera la presidencia si Torra es inhabilitado por el Supremo como presidente, o convocar ya inmediatamente elecciones. Finalmente, y tras consultar con Puigdemont, se optó por la solución intermedia de aprobar primero unos Presupuestos ya pactados con los comunes y luego ir a las urnas.

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Una ruptura que cierra una larga lucha de poder