El nuevo Gobierno, un coro político muy difícil de afinar

Sánchez escoge un equipo más técnico para reforzar su papel presidencial, pero Iglesias pone a jugar a su plantel más político

Sánchez teme la falta de cohesión en el Gobierno de coalición con Iglesias
Sánchez teme la falta de cohesión en el Gobierno de coalición con Iglesias

La experiencia demuestra que en todo Gobierno de coalición, cuando el balance es positivo, el partido que sale beneficiado es siempre el que tiene la presidencia del Gobierno. Resulta ciertamente difícil que si dos fuerzas comparten el poder ejecutivo y mantienen la cohesión a la hora de ejercerlo, sea el pequeño el que se lleve el mérito a ojos de los electores. Esta premisa básica no se le escapa a un estudioso de la política como Pablo Iglesias. El ejemplo más cercano es el de la comunidad de Castilla-La Mancha, en donde, tras la experiencia del Gobierno de coalición formado en el 2017 entre el PSOE y Podemos, los socialistas lograron mayoría absoluta en las siguientes elecciones y Podemos fue laminado. Cero escaños.

Por eso será complicado, por más que lo repitan desde ambos bandos, que este vaya a ser un Gobierno en el que todos remen en la misma dirección durante toda la legislatura y que hable «siempre con una sola palabra» aunque tenga varias voces, tal y como dijo ayer Pedro Sánchez. Es previsible que, sabiendo ambos lo que se juegan en el envite, en la primera mitad de la legislatura PSOE y Unidas Podemos hagan un gran esfuerzo por evitar cualquier discordia y saquen adelante una buena parte de su programa común gracias al apoyo en el Parlamento de ERC e incluso de EH Bildu. Pero también que, a medida que se acerquen las próximas elecciones, los de Iglesias fuercen la máquina para situarse claramente a la izquierda de un equipo económico que ha sido escogido por Sánchez para garantizar la ortodoxia fiscal y tranquilizar a los mercados ante la entrada en el Gobierno de una fuerza populista de izquierda.

Este es un Ejecutivo con dos almas. Sánchez ha optado por reforzar el perfil técnico y compartimentar al máximo las competencias ministeriales para reforzar su propio papel presidencial. Pero Iglesias ha metido en el equipo todo su poder político, con Montero, Garzón, Yolanda Díaz y el añadido de un Manuel Castells que, independientemente de su enorme prestigio académico internacional, es un firme aliado del independentismo catalán. Lo que Sánchez pretende es que esa única voz sea la suya. Pero Iglesias no renunciará a tener discurso propio. No es un buen síntoma de cara a la cohesión que, en lugar de formar equipo en todas las áreas, Unidas Podemos se haya reservado las parcelas sociales que más conectan con su propio electorado y se desentienda prácticamente del área económica. En un primer análisis, podría interpretarse que Sánchez se ha quedado con lo más impopular, es decir, bregar con el ajuste del déficit y con el problema catalán, e Iglesias con lo más jugoso y popular: ayudas sociales, igualdad etc.

Pero ese análisis resulta demasiado obvio como para que Sánchez haya caído en semejante error. Y todo indica que el organigrama se ha diseñado para que el poder de los ministros de Podemos esté férreamente controlado y limitado por las vicepresidencias socialistas. Una fórmula que, de confirmarse, puede generar decepción en la dirección y las bases del partido morado y hacer que ese coro al que aspira Sánchez acabe desafinando.

Los mercados dan un voto de confianza al nuevo Gobierno 

Frente a quienes pronosticaban que un Gobierno de coalición en el que estuviera Unidas Podemos provocaría el pánico en los mercados, tanto en Europa como en el resto del mundo se ha recibido con más alivio y tranquilidad que otra cosa que España ponga fin a un largo período de inestabilidad política. Sánchez ha olvidado frivolidades a lo Màxim Huerta y ha optado por solidez y credibilidad económica con figuras como Arancha González Laya en Exteriores, Calviño en la vicepresidencia económica o José Luis Escrivá al frente de la Seguridad Social. Los mercados confían mucho más en que el poder acabe dando un baño de realidad y pragmatismo a Podemos que en que el PSOE se contagie del populismo.

Exceso de normas preventivas para evitar las discrepancias

Aunque la oposición sobreactúa augurando, antes incluso de que se ponga en marcha, que el Gobierno de coalición acabará en bronca total, son el propio PSOE y Unidas Podemos los que están alentando inconscientemente la hipótesis de las divergencias con su exceso de prevenciones y advertencias. Crear todo un «protocolo de funcionamiento, coordinación, desarrollo y seguimiento del acuerdo del Gobierno progresista de coalición» en el que se establece hasta cómo deben gestionarse las discrepancias, y la insistencia previa de Sánchez en que aunque haya varias voces habrá una sola palabra, envía la imagen de que son ellos quienes temen la falta de cohesión y ponen la venda antes de la herida.

Iglesias elige a dos comunistas tras tacharlos de «cenizos»

Hace menos de cuatro años, en junio del 2015, Pablo Iglesias lanzó una andanada tremenda contra el Partido Comunista de España, que pretendía ser un paso al frente sin retorno para la ruptura total. El líder de Podemos tachó literalmente de «cenizos» a los comunistas españoles y llegó a pedirles que «se queden con su bandera roja y nos dejen en paz». Asombra que, después de aquel discurso, cuando a Iglesias le han dado tres piezas para escoger en un Gobierno -Castells es la cuota de En Comú Podem- haya elegido a dos comunistas: Alberto Garzón y Yolanda Díaz. Si se tiene en cuenta que la tercera elección es su pareja, la imagen es de una alarmante falta de cuadros capaces en Podemos.

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