César Antonio Molina: «Para el actual PSOE, todos los que discrepamos somos unos fascistas»

El exministro cree que el pacto con Podemos y ERC rompe con los 140 años de historia del Partido Socialista

El exministro socialista César Antonio Molina
El exministro socialista César Antonio Molina

redacción / la voz

El exministro socialista César Antonio Molina (A Coruña, 1952) es uno de los fundadores de la plataforma La España que reúne, que agrupa a una serie de intelectuales procedentes de la socialdemocracia y muy críticos con la decisión del PSOE de pactar con Unidas Podemos y con ERC.

-La dirección del Partido Socialista sugiere que los integrantes de esta plataforma ya no son de izquierdas y que sus planteamientos se han quedado anticuados.

-Esta plataforma la pusimos en marcha un grupo de compañeros y amigos de izquierdas, que habíamos ocupado importantes cargos de gestión, aunque luego se fueron sumando personas de otros ámbitos y ahora ya somos varios miles de firmantes del manifiesto fundacional. Para el actual PSOE, todos los que discrepamos con ellos somos unos fascistas. Pero no somos fascistas. Ni siquiera somos de derechas. Probablemente son ellos los que están emprendiendo el camino para convertirse en totalitarios de izquierdas.

-Habían alertado de las consecuencias de pactar con Unidas Podemos, pero Ferraz ha dado un paso más y ahora el acuerdo ya es con Esquerra. ¿Qué opinión le merece el entendimiento del PSOE con el independentismo?

-No estamos de acuerdo con que se pacte con la extrema izquierda, pero estamos en total desacuerdo con que se llegue a acuerdos con partidos independentistas que están en contra de la unidad de España, de la Constitución e incluso de la democracia, y que durante los últimos años han tenido en el fondo y en la forma comportamientos totalitarios. Creemos que todo esto va a traer grandes problemas.

-Algunas voces son muy críticas con el llamado «régimen del 78», pero ustedes reivindican el legado de la Constitución y de la Transición.

-Es que durante más de cuarenta años se logró desterrar a los peores fantasmas de nuestra historia contemporánea. En ese período, la concordia superó la violencia y la cooperación nos condujo al progreso económico y social del que disfrutamos. La destrucción de esa concordia nos retrotraerá décadas y décadas.

-¿No suena muy apocalíptico?

-Aquellos mismos que destruyeron la Segunda República -el fascismo, el comunismo, la extrema izquierda y los nacionalismos- han vuelto a aparecer.

-¿Qué papel juega el PSOE?

-El Partido Socialista, con sus claroscuros, ha sido ejemplar en sus 140 años de existencia. Gran parte de ese tiempo ha exhibido una gestión impecable y de relevancia fundamental para la historia reciente de España. Por eso, las gentes de izquierdas, los socialistas y socialdemócratas ahora no lo reconocemos. El PSOE se ha convertido en otro partido.

-Pero es lógico que los partidos evolucionen, cambien...

-Por supuesto, nada es inmutable, ni permanente, pero lo que no se puede es pasar de un extremo a otro. El propio presidente del Gobierno prometió durante la última campaña electoral cosas de las que ahora se ha olvidado. Por esto todas las encuestas revelan que la mayor parte de los votantes no están de acuerdo con lo que está haciendo.

-¿Y dentro del PSOE? ¿No hay discrepancias internas?

-Hay incluso miembros del Gobierno que no están de acuerdo con todo esto. Igual que muchos presidentes autonómicos y la mayoría de los militantes del PSOE. Pero no se atreven a denunciarlo.

-El acuerdo con ERC no hace ni una sola mención a políticas de izquierdas, solo a cuestiones identitarias.

-Esto viene de lejos. No es de ahora. La ley electoral concede al nacionalismo una representación que no debería tener. Esa ley no se ha reformado y el PSOE y el PP han tenido que pactar en el pasado con los nacionalismos. Pero a lo que no se había llegado hasta ahora era al extremo de desguazar el país. Si esto se consuma, ¿se han preguntado los nacionalistas quién pagará las pensiones o los sueldos de los funcionarios en Galicia o Cataluña?

-Lo veo muy pesimista respecto al futuro.

-Tenemos ejemplos muy próximos de lo que puede pasar si se desguaza un país. De un país muy importante como era la antigua Yugoslavia se pasó a un grupo de países sin relevancia que son colonias de otros Estados europeos. ¿Es eso lo que queremos para España? ¿Para Galicia?

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