Roberto L. Blanco Valdés: «La España constitucional surgida en 1978 es la mejor de nuestra historia»

El prestigioso constitucionalista, que publica nuevo libro, advierte del riesgo de entrar en un bucle de inestabilidad política


Constitucionalista de referencia, columnista de La Voz de Galicia, autor de un libro canónico como es Introducción a la Constitución de 1978 y de otros como El valor de la Constitución o El laberinto territorial español, Roberto L. Blanco Valdés publica Luz tras las tinieblas. Vindicación de la España constitucional (Alianza Editorial).

-Al inicio del libro deja claro que no le gusta nada la expresión «régimen del 78». ¿Por qué?

-Porque tiene la intención de buscar un paralelismo, comparación o sinonimia con el régimen de Franco, y se utiliza para denigrar al sistema político democrático que nace en 1978.

-En contraposición, elogia la España constitucional y la Carta Magna, que cumple 40 años.

-La Constitución del 78 es la mejor de la historia de España, porque es la única de consenso y responde muy bien a la época en que se inserta. Pero no solo reivindico la Constitución, que voló la dictadura, sino la España constitucional. La Constitución tiene el gran valor de haber impulsado, junto la sociedad, un cambio impresionante, no solo incomparable a los que se habían producido en España, sino también en Europa tras la Segunda Guerra Mundial. En muy poco tiempo, España se pone al nivel de las democracias europeas y en algunos casos por encima. Nuestra democracia ha funcionado muy bien, se han reconocido derechos con una rapidez extraordinaria y se ha creado un Estado social muy potente. Es sin duda la mejor España que hemos tenido nunca, aun con problemas graves, el peor el brutal terrorismo, pero también la corrupción o el paro.

-Sin embargo, asegura que el consenso sobre la Transición se rompe en los últimos años.

-Señalo tres momentos en los cuales el gran pacto constitucional empieza a quebrarse. El primero, cuando Zapatero pone en duda los grandes acuerdos de la Transición y ahí se inscribe la memoria histórica, que se basa en una mentira, un supuesto pacto de silencio y olvido que nunca existió. El segundo es el ataque directo de Podemos a la Transición como un pacto ignominioso y una traición y acuñando la expresión régimen del 78. La tercera fase es el levantamiento secesionista en Cataluña y las falsedades que conlleva, como que España no es una democracia y que hay presos políticos y exiliados.

-Pese al éxito de la España constitucional, cíclicamente nos empeñamos, como dice en su libro, en destrozar lo que hemos logrado con tanto esfuerzo.

-Cito la frase que se atribuye a Bismarck, España es el país más fuerte del mundo porque lleva siglos queriendo destruirse a sí misma y no lo ha conseguido. No apelo a un nuevo nacionalismo, porque no soy nacionalista, pero otra cosa es esa especie de autoodio que nos impide reconocer que hemos hecho las cosas bien. El éxito de la democracia española es reconocido mundialmente, todos los índices certifican su calidad, hay una admiración extraordinaria a la Transición. Sin embargo, a partir de un determinado momento, el primer Gobierno de Zapatero, se abre la caja de Pandora y se empieza a cuestionar.

-¿El cuestionamiento de la monarquía por los independentistas y Podemos es un ataque a la España constitucional?

-Sin duda. La monarquía es una pieza de caza mayor que se quieren cobrar. La monarquía en España es un instrumento de estabilidad y cohesión política y territorial porque es la única institución por encima de los partidos.

-¿Corremos el peligro de volver a las tinieblas de nuestro pasado?

-Si entendemos por ello volver a la época negra de la falta de democracia y libertades, no. Lo que sí hay es un gran riesgo de que el sistema político se deteriore. Hay un riesgo para la unidad territorial muy serio en Cataluña y el País Vasco. El segundo gran riesgo es la inestabilidad política, que nos instalemos en un bucle de elecciones que generan inestabilidad, e inestabilidad que genera nuevas elecciones, porque España ha avanzado en gran parte gracias a la estabilidad.

«Meterse ahora en una operación de reforma de la Constitución sería suicida»

Para Blanco Valdés no momento de reformar la Constitución.

-¿Hay que acometer una reforma constitucional en estos momentos?

-Las constituciones no se reforman nunca para ponerlas al día, sino cuando hay un problema que solo se puede resolver así. Además, tiene que ser siempre una cuestión de Estado, nunca de partido y, por tanto, los partidos tienen que renunciar a obtener ventajas políticas y electorales de este tema. No se puede plantear, como está haciendo el PSOE, con el objetivo de que el PP diga no y así atacarlo. Y, exige que se definan con una precisión razonable los cambios que se pretenden, porque lo demás es abrir un proceso que sabes cómo empieza y no cómo acaba, incluso dejando una Constitución peor que ahora. Meterse ahora en una operación de reforma es suicida. No se cumple ninguna de la condiciones básicas para hacerla, que haya claridad sobre lo que se quiere reformar, problemas que solo se puedan resolver mediante una reforma constitucional, y un gran acuerdo de las grandes fuerzas políticas.

-¿Se podría solucionar el problema territorial con una reforma?

-Existen dos problemas territoriales, uno es cómo mejorar nuestro sistema, que de hecho es federal mediante la colaboración y la coordinación institucional, descentralizando algunas cosas y centralizando otras. Y luego tenemos el de los nacionalismos, que en estos momentos no tiene solución. Quien piense que se soluciona con una reforma federal y creando un Senado territorial está en la inopia. Por otro lado, el concepto de nación de naciones lejos de resolver el problema, lo complica, porque en el momento en que se reconozca que un territorio es una nación los nacionalistas van a decir que tienen derecho a un Estado.

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