El tributo a las víctimas se impone a la protesta

El rey se limitó a arropar a las familias e ignoró los desplantes de Torra y del secesionismo, que desoyeron las peticiones de las asociaciones e intentaron instrumentalizar la jornada

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M. E. Alonso
Barcelona / Colpisa

Las víctimas habían pedido una tregua para que las rencillas políticas quedaran apartadas, al menos por un día, por respeto a los muertos. Pero el armisticio apenas se prolongó durante media hora, lo que duró el acto de homenaje que Barcelona rindió ayer a las 16 personas que en el trágico 17 de agosto de hace un año perdieron la vida en los atentados yihadistas de las Ramblas y Cambrils y en los que 152 personas que resultaron heridos. La ceremonia, y en especial todo lo que la rodeó, no llegó al nivel de politización de la manifestación de rechazo al terrorismo islamista que se celebró el año pasado días después de los trágicos ataques y que acabó convertida en una protesta contra el rey y a favor de la secesión.

El independentismo, aparentemente, guardó las formas durante el acto de recuerdo -solemne, breve y emotivo-, pero maniobró para que sus reivindicaciones estuvieran presentes en todo momento. En primer lugar, a través de una enorme pancarta, desplegada por la noche por un grupo de activistas en uno de los edificios de la Plaza de Cataluña, donde se celebró el acto y donde ya se dejaba claro el mensaje que ha trasladado Quim Torra desde que accedió al cargo de presidente de la Generalitat: «El rey no es bienvenido en Cataluña». El cartel era visible desde cualquier punto de la plaza y estaba escrito en inglés aprovechando la amplia presencia de medios de comunicación internacionales y también turistas.

Por si no fuera suficiente, el presidente de la Generalitat aprovechó el acto para denunciar la existencia de lo que el independentismo define como «presos políticos» para calificar a los dirigentes del proceso de secesión encarcelados. Torra lo hizo luciendo en la solapa una imagen de Joaquim Forn y, sobre todo, acudiendo a la ceremonia en compañía de Laura Masvidal, la esposa del exconsejero de Interior. Imposible tensar más la cuerda.

Homenaje a las víctimas de las Ramblas: el dolor del recuerdo Las flores de una madre para rendir homenaje al hijo de 7 años que perdió, niños pequeños recordando a algún familiar... víctimas de siete nacionalidades diferentes en el lugar donde hace un año terminó la furgoneta su recorrido mortal

Acompañado por la reina Letizia, el monarca presidió el acto al que asistieron el jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez; los presidentes del Congreso, Ana Pastor, y del Senado, Pío García Escudero; el de la Generalitat, Quim Torra; el del Parlamento catalán, Roger Torrent; y la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. Contra todo pronóstico, Felipe VI fue recibido entre aplausos y gritos de «¡Viva el rey!» y «¡No estás solo!». En la entrada al acto le esperaba la comitiva de la Generalitat, encabezada por su presidente, Quim Torra, que tras saludar al monarca le presentó a la mujer de Joaquim Forn. El rey superó la zancadilla del mandatario autonómico sin problemas. Les dio la mano a ambos, pero no entabló conversación con ninguno de los dos. A continuación, saludó al presidente del Parlamento catalán, Roger Torrent, y a la alcaldesa, que había vetado su participación en el primer homenaje de la jornada, la ofrenda floral sobre el mosaico de Joan Miró. Después del encuentro con las autoridades locales, el jefe del Estado se dirigió a la primera fila, donde estaban los familiares de las víctimas y los heridos, y llevándose la mano al pecho y bajando ligeramente la cabeza les dijo: «Estamos con vosotros». Un gesto con el que el rey recordó que su lugar siempre ha estado al lado de las víctimas. Posteriormente, ocupó su posición, detrás de las familias, desde donde siguió el homenaje. En todo momento, Felipe VI obvió los intentos del soberanismo por boicotear su presencia.

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La ceremonia fue sencilla. Los organizadores evitaron los discursos institucionales con el objetivo de que las víctimas fueran las únicas protagonistas del homenaje.

Los familiares ocuparon las primeras filas de los asientos y las autoridades se colocaron detrás. La conductora del evento, la periodista Gemma Nierga, resaltó que Barcelona es una «ciudad de paz», que se ha volcado en acompañar a las víctimas. «Barcelona os acoge y os quiere acompañar en el dolor. Queridas familias que habéis sufrido tanto y que tanto sufrís, no dejaremos de acompañaros, porque queremos la paz, pero no queremos la indiferencia», concluyó su intervención. Cuatro piezas musicales cerraron el acto.

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