El presidente de la Xunta se aferra a su mayoría sin esperar llamadas


santiago / la voz

El presidente de la Xunta siempre lleva su teléfono en el bolsillo interior de la chaqueta. Cuando termina sus intervenciones públicas suele revisar con discreción y durante unos breves segundos los mensajes recibidos y las llamadas perdidas antes de seguir atendiendo su agenda. Ayer no lo hizo. Minutos antes, en la rueda de prensa que sucede a la reunión semanal de su Ejecutivo, fue contundente al aseverar que él no levantó el móvil para impulsar con otros barones populares un congreso extraordinario: «Es una infamia». Pero sí reconoció que llamó a su colega Alfonso Alonso para pulsar la situación en el País Vasco, aunque no se le pasó por la cabeza contactar con el lendakari Urkullu: «Porque ya lo hizo Rajoy, me consta».

Esa premeditada distancia prudencial con los acontecimientos obliga a los que están convencidos de que se está posicionando para liderar el PP a juzgar sus intenciones por omisión más que por acción, en una suerte de paulatina marianización. Esto es: pase lo que pase, mejor quedarse quieto y dejar que todo fluya. Juega con ventaja el de Os Peares: su mayoría absoluta es lo más sólido que hay en el partido en estos momentos, aunque a nadie se le escapa que el desmantelamiento del Gobierno en Madrid podría tener consecuencias, al liberarse un respetable número de cargos que en su día cambiaron Galicia por la capital de España. De momento serán llamadas perdidas.

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