«Bastaron unos pocos cañonazos para que se rindieran»

José García Abad, autor de «Cataluña, 10 horas de independencia», analiza los paralelismos y diferencias entre lo que sucedió en 1934 y lo que pasa ahora


Periodista y escritor, José García Abad es autor de Cataluña, 10 horas de independencia (Ediciones El Siglo), que narra los acontecimientos que se sucedieron desde las ocho de la tarde del 6 de octubre de 1934, cuando Lluís Companys proclamó el Estado catalán, y las seis de la mañana del día siguiente, cuando la Generalitat se rindió tras ser bombardeada por el Ejército español comandado por el general Batet.

-¿Qué paralelismos y diferencias hay entre lo que sucedió en 1934 y lo que está pasando hoy?

-Han cambiado muchas cosas desde entonces pero la cuestión catalana sigue hoy, en el fondo, aproximadamente como entonces. En 1934 Companys proclama el Estat Catalá y la ruptura con todas las instituciones españolas. Las fuerzas militares o paramilitares que controla son muy superiores a las que manda el capitán general Domingo Batet. Y sin embargo, como diría Cambó en las Cortes españolas, bastaron unos pocos cañonazos al palacio de la Generalitat para que se rindieran. Hoy en día puede haber registros y detenciones pero es impensable la intervención del Ejército. Hay cosas que han cambiado para mejor. Cuando Cambó se dirigió a Companys para decirle «Mucho cuidado Lluís, que te vas a cargar la peseta» el presidente contestó: «Me cago en la peseta». Nadie en Cataluña piensa hoy en cagarse en el euro.

-Aquel Estado duró diez horas. ¿Cuánto cree que puede durar la independencia si la declara la Generalitat de Cataluña?

-Creo que no se llegará a ese extremo. En mi opinión, tras el 1-O, Puigdemont convocará elecciones. No creo que el gobierno que salga del nuevo parlamento proclame unilateralmente la independencia, que ningún país serio reconocerá y que dejaría a Cataluña fuera de la UE. Si llegara el caso y se declarara la independencia, los cañones no dispararían contra el palacio de la Generalitat. Se aplicaría el artículo 155 de la Constitución y el presidente sería inhabilitado inmediatamente.

-¿Qué lecciones cabe extraer de lo que pasó entonces y lo que está pasando ahora?

-El Gobierno de entonces presidido por Alejandro Lerroux tras el triunfo de las derechas nunca aceptó de buen grado el estatuto catalán de autonomía que fue aprobado por el Gobierno Azaña. Por su parte, el gobierno de Companys, dirigente de ERC, vio en el nuevo gabinete una centralización del Estado que amenazaba su autonomía. Rajoy no ha sido muy sensible a las singularidades catalanas y en Cataluña hay una enorme suspicacia ante el PP. Pienso que lo más importante es un reconocimiento de sus peculiaridades sin que ello rompa la igualdad de derechos entre todos los españoles. En estos momentos es más importante el fuero que el huevo. Con un cambio constitucional que admita dicho reconocimiento, con un Senado que sea realmente una cámara de las comunidades autónomas y con mayor frecuencia y fluidez en las conversaciones entre la Moncloa y el palacio de la Generalitat se puede ir creando poco a poco un nuevo clima. Son cambios que no les parecerán suficientes a los independentistas pero que podrían servir como nueva base de convivencia dejando la independencia como programa máximo aplazable sine die.

-Aquello acabó con Companys en la cárcel, ¿cree que pasará lo mismo con Puigdemont?

-Confiemos en que no se siga el mismo itinerario. Opino que en esta ocasión la sangre no llegará al Ebro. Una vez asumido por la Generalitat que no puede proclamar la independencia por las bravas se iniciará una fase más realista de negociaciones que pasará por cambios en la Constitución que permita una conllevanza mutua, que defendía Ortega y Gasset, durante algún tiempo. A veces se precisa la máxima confrontación para que se recupere la paz.

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