Mal presagio


No hay mayor soberbia que ningunear los sacrificios de los demás en beneficio propio. Y eso es lo que ayer hizo Rajoy. No es cierto, y no lo será jamás por mucho que se repita, que el PP deba gobernar por ser el partido más votado. Gobierna quien reúne más apoyos en el Parlamento. Rajoy lo va a conseguir gracias al sacrificio del principal partido de la oposición. La ruptura del PSOE es un alto precio que el candidato ni siquiera reconoció. No hizo la más mínima autocrítica, ni un solo reconocimiento de errores o de asunción de responsabilidad, ni siquiera por la corrupción. Al contrario, en su autocomplacencia sacó pecho y se atribuyó el mérito de todo lo que va bien. No hizo ni un solo guiño al PSOE, nada que los socialistas pudieran llevarse a la boca para justificar su traumático cambio de posición. Porque la oferta de diálogo de Rajoy es un sí, pero no. No ofreció nada nuevo ni concretó nada. No arriesgó lo más mínimo. Fue solo reconocer lo obvio: que necesita negociar porque está en minoría. Pero acompañado de una insinuación que será una espada de Damocles lo que dure la legislatura: la convocatoria de elecciones si no consigue lo que quiere. Mal, muy mal presagio.

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