El elevado precio de la gobernabilidad


Un año después, la España política se pone en marcha. Pero ha costado sangre, sudor y lágrimas. Demasiadas lágrimas. Las de un partido fracturado, pero también las de una sociedad igualmente desgarrada. A fin de cuentas, una división es fiel reflejo de la otra. La crisis económica rompió lazos de cohesión social que las políticas y los partidos no han hecho nada por reparar. Al contrario, han ahondado en el cisma. Unos recortes inmisericordes han provocado un daño enorme sin haber conseguido a cambio ni cuadrar las cuentas ni impulsar lo suficiente la actividad económica como para reparar el tejido dañado. Los damnificados, un amplísimo sector de la sociedad, se han sentido desamparados. El PP no les ha prestado atención. El PSOE, que en su ensimismamiento ha estado más pendiente de sus luchas internas que de sus bases, las ha abandonado. Y así han dejado el espacio para un discurso populista que ha crecido politizando el dolor. Que es lo contrario de remediarlo.

Porque Pablo Iglesias y su gente se han aprovechado del sufrimiento ajeno para medrar sin hacer nada para paliarlo, porque cuando pudieron, prefirieron cavar la trinchera a la espera del sorpasso a comprometerse en las soluciones. Y ahí siguen, cuestionando la legitimidad de las instituciones democráticas con un discurso antisistema que solo echa gasolina al fuego. Pero España necesita bomberos, no pirómanos; necesita recuperar consensos, no azuzar la polarización. El discurso de las élites y las bases es efectivo desde cierta retórica política, pero su simplismo mistificador hace un daño terrible al agravar la fractura social y política.

Un alto precio para la gobernabilidad, que, además, Rajoy no pagará. La aparente disposición al diálogo que muestra ahora suena a cinismo tras una legislatura en la que rompió todos los puentes con la oposición, una de las causas de la polarización política. Regalarle la investidura, haciendo dejación de su responsabilidad como oposición, es uno más de los muchos errores cometidos por el PSOE en los últimos tiempos. El partido se ha roto por su incapacidad para definirse y ser útil a la sociedad. Imponer una voluntad única sirve como golpe de autoridad de los triunfadores, pero no ayuda a restañar una herida que seguirá supurando durante mucho tiempo. Demasiada sangre para un Gobierno.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
3 votos
Tags

El elevado precio de la gobernabilidad