Lo inevitable


Es absurdo retrasar lo inevitable. Eso solo le funciona a Rajoy, maestro en el arte de dejar pasar el tiempo hasta lograr lo que le interesa. Ahora, tras ocho meses de quiescencia absoluta, puede obrar nuevamente el milagro. Porque lo que a él le surte efecto, a los demás los desangra. Y cuanto más tiempo pase, mayor es el riesgo de que el PSOE acabe exangüe. Los socialistas se han atrincherado en una posición que con el paso del tiempo se hará insostenible, porque aboca inexorablemente a nuevas elecciones. El no como una cuestión de principio, en un partido que es la alternativa, es lógico y comprensible... hasta que deriva en bloqueo. Entonces se convierte en un grave problema. Porque un partido como el socialista, el que más tiempo ha estado en el poder en esta etapa democrática, no puede desentenderse de la gobernabilidad del país. Si no está en condiciones de liderar una alternativa, y es evidente que no lo está, debe buscar la forma de hacer valer su peso político sin convertirse en un obstáculo para que la legislatura eche a andar. Aunque le pese, y por mucho que rechace a Rajoy, son los españoles quienes le han colocado en esa incómoda posición. Y debe asumirla. En lugar de mirar para otro lado, como si no fuera con ellos, e instalarse en el inmovilismo, a los socialistas les sería más útil, y a los españoles más provechoso, que hicieran valer que el PP los necesita para que Rajoy pague el precio de su apoyo obligándole a cambiar sus políticas. Renunciar a esta arma y retrasar lo inevitable daña al país y aún más al propio PSOE.

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