Un frontón


Son un frontón. Cada uno se limita a devolver la pelota. Y la pelota son los mismos argumentos de siempre, pensados exclusivamente para sus respectivos electores, no para intentar convencer al contrario ni para intentar moverlo de su posición. Llevamos ya dos elecciones y nada ha cambiado: seguimos en una campaña permanente. Y las dos que se nos avecinan solo complicarán aún más el endiablado panorama. Es imperioso romper este círculo vicioso y enterrar las trincheras cavadas por la bipolarización. Quien la ha alimentado durante estos años por interés propio no puede hacerse ahora la víctima al quedarse sin interlocutor. De aquellos polvos, estos lodos. Pero eso no es razón para instalarse en el bloqueo, porque los perjudicados somos todos. España no puede seguir indefinidamente sin Gobierno. El no del PSOE impide gobernar, Sánchez lo sabe y, en consecuencia, no puede parapetarse en su manido discurso de consumo interno para eludir su responsabilidad con el país. Y Rajoy no puede utilizar el chantaje para intentar aplastar a quien necesita para gobernar. Es incongruente. Hay que tender puentes, y ello pasa necesariamente por reconocer y respetar las razones e intereses del rival. Y aún más los del conjunto de los españoles.

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