Tiempos complejos


Lo decía ayer Pedro Sánchez: son tiempos complejos. Es verdad, y ello exige análisis más finos e inteligencia en la respuesta. Pero no parece que los tiros vayan por ahí. En un Parlamento más fragmentado, en el que ninguna fuerza está cerca de la mayoría, se sigue aplicando la lógica del bipartidismo. Y allí donde se requiere diálogo y capacidad de entendimiento, se responde excavando la trinchera del dogmatismo y el inmovilismo. Son tiempos complejos, sí, y por lo tanto hay que cambiar la forma en que afrontamos la realidad. Empezando por reconocerla tal y como se presenta. Y la realidad es que solo hay una fuerza política en condiciones de gobernar, aunque sea en minoría. De los fallidos intentos de la anterior legislatura cabe deducir que Pedro Sánchez no está en condiciones de formar un Ejecutivo alternativo al del PP. En consecuencia, si, como dice, no contempla unas terceras elecciones, solo le cabe una opción: abrir la puerta para que gobierne Rajoy. Y eso, en contra de la tramposa simplificación que quiere imponer Podemos, ni lo convierte en cómplice del PP ni supone asumir sus políticas. Es solo reconocer la compleja realidad y obrar en consecuencia. Dejar gobernar no es una coalición ni un pacto de legislatura, es abrir la puerta en aras del interés general y en respeto a la decisión de los españoles en las urnas.

Y para abrir la puerta solo hay una llave posible, la de la negociación. Y quien debe manejarla es Rajoy. Pero parece que aún no ha asimilado la complejidad de los tiempos. Es verdad que necesitamos salir con urgencia de esta parálisis en la que llevamos instalados casi un año. Pero la solución no es echar a correr con los ojos vendados. Rajoy tiene prisa en ir a la investidura y al mismo tiempo quiere, con razón, disponer de una mínima garantía de estabilidad para gobernar. Ocurre que eso solo se consigue con una concienzuda negociación. Pero si en general las prisas son malas consejeras, en este caso, además, son incompatibles con los tiempos necesarios para conseguir un acuerdo. Hay que correr a sentarse en la mesa de negociación, que es lo que no ha hecho, y no levantarse de ella hasta conseguir un resultado. Imponer un plazo fijo, y además mínimo, es un chantaje, no diálogo. Presentar como propuesta de acuerdo el programa electoral, sin más, no es buscar un pacto, es pretender un contrato de adhesión. Así no se va a ninguna parte, solo a prolongar el bloqueo. Es lo que tienen los tiempos complejos, que todo es más difícil y exige mucho más esfuerzo.

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