Procrastinando


La situación política la definen unos cuantos elementos negativos: prolongada provisionalidad, bloqueo permanente, falta de diálogo, inmovilismo... Pero, como los mandamientos, todos se pueden resumir en uno: ausencia de política. Cuanto más falta hace, más se sustituye por una vulgar escenificación, por un simple espectáculo en el que lo único que importa es aparentar. Es lo que hizo ayer Albert Rivera, un alarde enorme desde su insignificancia aritmética para la investidura. Pura pose, porque a fin de cuentas apenas se ha movido de su veto personal a Mariano Rajoy. Lo que haga Ciudadanos en la votación tiene un valor escaso desde la perspectiva numérica, porque su insinuada abstención, e incluso aunque votara sí, no cambiaría el resultado final, porque la investidura del candidato del PP depende única y exclusivamente de la postura que adopten los socialistas. Así que, descargado de esa responsabilidad, Rivera puede permitirse el lujo de ir de adalid de la regeneración sin comprometerse ni en la formación de Gobierno ni en una nueva investidura fallida, si así sucediera. Quien más presume de capacidad de diálogo ha perdido una inigualable oportunidad de demostrarlo, porque podría haber puesto sobre la mesa ideas y propuestas para obligar a un debate real sobre las reformas que necesita España. Que es lo que realmente importa.

Y lo mismo puede decirse de los socialistas, inmersos en un mar de dudas y contradicciones que parecen incapaces de resolver pese a que cada día están un poco más cerca del abismo. Seguir instalados en el no al tiempo que rechazan unas nuevas elecciones solo sirve para marear la perdiz, porque al final o el PSOE se abstiene o pasaremos nuevamente por las urnas. No hay otra. Así que en lugar de seguir procrastinando, aplazando lo inevitable, más le valdría definir ya su posición: o asume el coste de volver a las urnas o fija su precio para dejar que Rajoy gobierne. Y con ello volvemos otra vez a lo importante: al debate sobre las reformas pendientes. Porque no solo se hacen desde el poder, también condicionando al que lo ejerce. Ese es el dilema en el que viven los socialistas, y cuanto antes lo resuelvan, mejor para todos.

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