Una jaula de grillos


Es verdad que aún faltan diez días para que se constituya el Congreso, que es cuando echará a andar el proceso hacia la investidura. Pero también es cierto que ya han pasado casi dos semanas desde las elecciones y prácticamente estamos como entonces. Quien se supone que quiere parece que no, porque no hace nada; y quien se supone que tiene clara su posición parece que no sabe dónde está ni lo que desea, así que va camino de enredarse otra vez en sus dudas y condenarnos a todos a esta parálisis permanente. La primera responsabilidad recae sobre el candidato, es cierto, pero el segundo partido no puede mirar para otro lado. La gobernación del país compromete a todos, cada uno en el grado de corresponsabilidad que le atribuyen las urnas.

El PSOE tiene un compromiso, obvio, con sus electores, pero también con el conjunto del país. Y conjugando ambas restricciones debe fijar su posición. Una posición, no una combinación de futuribles en función de por dónde sople el viento. Porque el Partido Socialista es hoy una jaula de grillos en la que cada barón suelta lo que se le ocurre. Alentados, además, por el silencio absoluto de su secretario general. El griterío inconsistente e incoherente no ayuda a clarificar la postura del PSOE. Aunque lo peor es que deja la sensación de que lo que hoy decida el comité federal solo tendrá un valor instrumental y podrá ser revisado en función de otros intereses coyunturales. No solo de una eventual negociación con el PP, que sería incluso comprensible, sino de la evolución de la correlación de fuerzas en la larvada batalla por el liderazgo del partido. No puede ser que sus luchas internas condicionen la gobernación ni los plazos para tomar una decisión definitiva. El PSOE debe aclararse y debe hacerlo ya. Se lo debe a todos los españoles.

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