Provocación


Populismo y propaganda son caras de una misma moneda. Se trata de simplificar la realidad hasta el límite de la caricatura para elaborar un discurso fácilmente inteligible. A continuación se apela a las emociones, a los instintos más básicos de las personas dividiendo el mundo en buenos y malos. Y, finalmente, se incita a la movilización al grito de estás conmigo, los buenos, o estás contra mí, es decir con los malos. Así de simple. Así de efectivo. Lo demuestran múltiples ejemplos a lo largo de la historia, e incluso coetáneos, que es innecesario nombrar. Un mecanismo que Pablo Iglesias ha explotado hábilmente para ganar un espacio político que no habría logrado ocupar con sus propuestas reales. Antes fue la casta. Ahora busca demonizar a los medios en una campaña planificada que comenzó con su ataque a la prensa. Una excusa para justificar unas proposiciones presentadas cuando el Parlamento ha echado la persiana porque solo tienen un fin: hacer ruido. Desde luego, debatir no, porque su contenido es muy pobre. Cuando vamos a la convergencia de soportes en una era de la comunicación ya transmedia, sus planteamientos son prehistóricos. Y sus presupuestos políticos recuerdan a regímenes totalitarios. Estaría bien que Iglesias alimentara el debate con propuestas para los problemas de España, incluidos los del sector de la comunicación, en lugar de jugar a la provocación a la prensa para fortalecer su campaña. Pura propaganda con la que quizás gane Podemos, pero seguro que pierde España.

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