Críticas


No hay problema en que Pablo Iglesias critique a la prensa. La crítica es un sano ejercicio de salud democrática y ninguna institución debe sustraerse a ella, ya que el fundamento de una sociedad libre y plural es la discrepancia de ideas y pareceres. Incluso de intereses. Porque no existe una verdad absoluta ni un interés único. Y esto es lo que el líder de Podemos parece no entender y lo que convierte en peligroso su discurso. La realidad no es obvia, es multidimensional y poliédrica. Por ello no se puede reducir a una visión única, porque una sola mirada jamás abarca toda la complejidad del mundo. Y esto debería ser especialmente evidente en un espacio académico y para un profesor universitario. Despreciar esta certeza es propio únicamente de quien quiere imponer su particular interpretación de la realidad, quien solo admite una verdad, la suya. Y todos sabemos cómo se llama a quien así se comporta. De igual manera, la sociedad es el espacio en el que confluyen múltiples intereses. Y cada uno tiene el legítimo derecho a defender el suyo de la manera que considere más adecuada dentro del marco legal correspondiente. Es la esencia de la libertad. Ponerle trabas y pretender controlar la libre opinión, como si fuera algo regulable de acuerdo con una razón preestablecida, es propio de regímenes totalitarios. Los ciudadanos son suficientemente inteligentes para escoger entre los múltiples y variados medios y para discriminar una buena de una mala información sin un guía que los ilumine. Prescribir desde el púlpito cuál es la información correcta es lo que hace el gran líder en las dictaduras. Humillar públicamente a un trabajador, como hizo Iglesias con un periodista -una vez más-, es simplemente de miserables.

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