Del colegueo y las coincidencias a acentuar todo lo que los separa

E. C. MADRID / LA VOZ

ESPAÑA

Emilio Naranjo | EFE

Después de las elecciones, Podemos y Ciudadanos han evidenciado que tienen propuestas antitéticas, en especial en materia territorial y económica

01 abr 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Quedaban aún dos meses para las elecciones. Pablo Iglesias y Albert Rivera, los líderes de las dos formaciones emergentes surgidos de los platós de televisión, mostraban su cercanía en el programa Salvados. Ambos en mangas de camisa, desenvueltos, sonrientes. En el test que les hizo Jordi Évole, estuvieron de acuerdo en derogar la ley mordaza, pagar los atrasos a los dependientes, obligar a la Iglesia a abonar el IBI o no financiar a las escuelas que segregan por sexo. Esto hizo que el secretario general de Podemos le dijera al presidente de Ciudadanos en tono de broma: «Como esto siga así nos presentamos juntos a las elecciones».

Esos tiempos de colegueo pasaron a la historia en la campaña electoral, en la que, según las encuestas, los dos partidos emergentes se iban a disputar a cara de perro la tercera plaza e incluso algunas decían que la segunda al PSOE. Ambas formaciones comenzaron a intercambiar golpes. Rivera marcaba claras distancias con un partido al que calificaba de radical, antieuropeo, separatista y de extrema izquierda, mientras Iglesias decía que el líder de Ciudadanos era una «versión mejorada de Mariano Rajoy» y que su programa económico era idéntico al del PP. Llegó a decir, tras los atentados yihadistas de París, que «a Rivera le hubiera gustado estar en la foto de las Azores; me apena escuchar a un político joven el mismo discurso que a José María Aznar».

Como el agua y el aceite

Después de las elecciones, de las que salió mejor parado Podemos, los dos partidos han acentuado aún más lo que los separa, aunque admiten que puede haber coincidencias en regeneración democrática y lucha contra la corrupción y en asuntos como la reforma electoral. Pero nada más. En lo demás, tienen propuestas antitéticas, en especial en materia territorial y económica. Repiten que son como el agua y el aceite y que, por tanto, nunca formarán parte de un mismo Gobierno. Aquellos discursos de la transversalidad que vendían Rivera e Iglesias han quedado prácticamente en nada. La formación naranja ha acentuado su perfil de centro-derecha y la morada de izquierda, pese a que Iglesias aseguraba que «presentar la política en términos de división izquierda-derecha es un juego de trileros».