Teatro, luz y taquígrafos


El 20D votamos lo que votamos. Después llegó la pesada digestión de los resultados.

Nos preparamos para un largo período de negociaciones. Quisimos transparencia. Y ofrecieron incluso «luz y taquígrafos». Ese debe de ser el título de una canción de Pimpinela. Porque viejos y nuevos políticos cada día nos regalan el oído y la vista en la tele y en las redes con una sucesión regueifeira de dimes, diretes, reproches, arrumacos y cantos de sirena.

La mentada transparencia se transformó en teatro, en una ceremonia consagrada a la diosa confusión, aquella que, según dijo una inolvidable Miss Panamá, inventó el «chino-japonés» Confucio.

Cualquier día nuestros líderes nos regalarán una frase igual de memorable. Quién nos iba a decir en tiempos del «plasmarato» de Rajoy que acabaríamos desconfiando de las continuas ruedas de prensa de Pedro, Pablo, Albert, Antonio, Rafael, Íñigo, Alberto o, incluso, el mismo Mariano. Y de que en el camino a las más que posibles nuevas elecciones nos acompañarían un flujo incesante de declaraciones y la continua escenificación de desencuentros. En cualquier momento saltarán las alarmas, pero de momento disfrutemos del espectáculo. Como dijo uno de los protagonistas de la semana, «a vida son dous días, hai que vivila».

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